No puede uno
acercarse al cine a ver la última de Sorrentino y antes sacudirse los complejos
por su obra. Tras la seductora fascinación de una Roma mundana y ruidosa pero
oculta e inaccesible, el director nos traslada a un idílico balneario perdido
en los Alpes suizos en el que el baile de personajes oculta muchas historias
pasadas y pocas venideras. Allí, la profunda y sensible urbanità romana opuesta
a la excentricidad de los personajes de La gran belleza da paso a
un escenario rural e idílico donde el elenco se lleva todo el protagonismo.
La obra reflexiona sobre el paso del tiempo y la subjetiva percepción de los
que lo padecen: nosotros. Y a través de una compleja red de relaciones
personales, familiares y profesionales éstos se suceden en la rutina diaria del
centro y sus (o no) quehaceres. En este monótono escenario, contrario a la
rimbombante sonoridad de “La gran belleza”, Sorrentino enfatiza esta vez en la psicología
atormentada de unos personajes hastiados consigo mismos, con la vida y con todo
en general. Pero al igual que en su antecesora romana, los acaba situando en
una inevitable encrucijada donde tendrán que enfrentarse a sus propios miedos.
Para este elenco con personalidades tan polimórficas, el cineasta
napolitano prescinde del magnetismo de Toni Servillo (su actor fetiche) presentándonos
un Michael Caine (muy bien acompañado por Harvey Keitel), quien protagoniza la
historia. La personal huella de Sorrentino queda patente en cada plano, la mayoría
servidos para un deleite y fascinación visual a la que el director empieza a
acostumbrarnos, acompañados por una precisa -casi quirúrgica- inserción musical (se
siente, Lars von Trier). Resumiendo, el cine de Sorrentino pide a gritos una necesaria visualización en solitario y a
oscuras, nos expone ante nosotros mismos y obliga a sacar todo lo que llevamos
dentro, que es básicamente lo que se pide a una muy buena película. Sobre la
escena de la pituti en la piscina, mejor no decir nada. En realidad, como toda
la obra de Paolo, solo hay que mirarla atentamente. Todo está allí.
"¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano! Yo elijo esa" - Roberto Fontanarrosa, Cuento de 19 de diciembre de 1971.
sábado, 20 de febrero de 2016
martes, 12 de enero de 2016
Las odiosas comparaciones
Debería sesgarse de la lista de votaciones a los personajes que incurren en comportamientos extraños. Luego, a modo de lista negra, recopilar en un dossier el nombre de los que, ya sea por malicia o inocencia, entronaron a un Cristiano que evitó un podio copado por la tripleta culé. “Es que Penaldo ha marcado muchos goles”, decían. Sin pararse a pensar, un simple momento, que Luisito metío sólo dos menos, ganó 5 títulos y apuntilló a todos sus grandes rivales, mientras que del otro, pocas penurias más podemos relatar. El caso es que Dios en la Tierra recogió su premio y se marchó de Suiza con su familia antes de que Higuaín volviese a aguarles la fiesta. En los medios, la noticia transcurrido un año de la anterior edición no ha sido el “justo merecimiento del vencedor”, sino la disfuncionalidad del sistema de votos. “¡No se votan entre ellos!”, decían de Messi y Ronaldo. “¡No hay un criterio claro!”, alegaban en un editorial. Hoy, la línea periodística merengona coincide en alzar a Messi y Cristiano como los mejores de una generación. Pero no hay más que examinar las listas y ver que en los países donde seleccionadores y capitanes votaron al portugués es más fácil contraer una enfermedad tropical que organizar un partido de fútbol 7, mientras que el voto periodístico resultó bastante esclarecedor. Pero oye, mejor analizar por qué el topo no votó y qué es lo que decidió del Bosque. Tampoco es que se esperase menos después del rapapolvo periodístico que recibió la culerada tras los duelos contra los pericos. Si bien, parece que, desde que el Piscinas aterrizó en Barajas, éste decantó a su favor el trepidante número de una liga y otra copaeuropa, mientras que su némesis, el pequeño con el que ellos le comparan y nivelan, ha levantado cuatro ligas y dos copaeuropas, habiéndole ganado otra final europea justo antes de la venida del primero. Todo ello sin entrar a valorar la influencia de cada uno en el juego de su equipo. Pero no es ciego el madridismo, sino astuto, y malmeterá hasta donde quiera (porque tiene licencia para ello) harto de toparse con la figura de Messi hasta en sus peores pesadillas. Como aquella ciudad llena de Charles Bronsons que encontraron los Simpsons en su periplo por el sur de Estados Unidos. Lamentablemente, el madridismo tendrá que seguir tragando, ya sabemos que el hábito hace al monje. Pero mientras esperan el repunte del astro que no marcó a ningún rival de mediana enjundia, maquilló sus números avasallando a equipos humildes y expuestos y coqueteó con los cantos de sirena que ululan desde las profundidades del Sena; el enano seguirá con sus quehaceres en el más absoluto silenció con la convicción de que, en casa del que más le odian, seguirá echando la puerta abajo. Y lo mejor de todo esto es que detrás viene Fracasinho.
jueves, 31 de diciembre de 2015
2015: el momento
Sólo a veces, y
cada cierto tiempo, surge una leyenda. En el deporte más impreciso y popular
del planeta, aparecieron con cuentagotas personajes que infundieron realmente
miedo. Desmedidamente anacrónicos, se habrían permitido triunfar en cualquier época
porque su talento no conoce límites. En el fútbol moderno, siempre al parecer
del que subscribe, estos jugadores se cuentan con los dedos de una mano.
Existieron también futbolistas maravillosos, merecedores de su lugar en el olimpo
de este deporte, pero que nunca pertenecieron a esta élite. Como dijo E.J.
Rodriguez de George Best: “…jugadores que no hubieran encajado en la escuela
del Ajax o la Masía, porque su talento silvestre sólo les permitía hacer rondos
consigo mismos”. Definamos, para aclararnos, de qué clase de jugadores estamos
hablando. Muy fácil. De los que, cogiendo el balón en cualquier punto del
campo, todo el mundo tiene la sensación de que la jugada puede acabar en gol.
Encuadrémolos pues. Primero, Diego Armando, en el gol de todos los tiempos,
donde con un tobillo ya quebrado, marcó el gol definitivo. Segundo, Ronaldo
Nazario, con su inolvidable gol una cálida noche de septiembre bajo la atenta
mirada del apóstol Santiago. En tercer lugar, Henry y su Copa de Europa, incluyendo su impresionante final perdida contra el Barcelona. Tras él, la
sonrisa eterna de Ronaldinho, con su carta de presentación en el Estadi
mientras los niños dormían. Y por último, Messi. En el que no fue su gol más importante (pese a que abrió
la lata en una final), ni el partido ante el rival más lustroso. Pero la
espontaneidad del momento no imposibilitó que, en el momento en que Dios en la
Tierra agarró el balón, más de uno estuviese ya cantando gol. Puede que alguno llorase incluso, sucumbiendo a tal descarga de sensaciones, como una trastornada Sharon Stone delante del Egon Schiele, no podemos saberlo. Pero sí que nunca estaremos lo
suficientemente agradecidos, y puede que no se valore lo suficiente, la
cantidad de cosas que viene haciendo el marciano por nosotros. Y sobretodo, lo que está
claro es que el momento deportivo más emocionante del año nos lo volvió a
regalar él.
domingo, 20 de diciembre de 2015
Campeones del mundo
River 0-3 Barcelona. Mundial de Clubes,
final.
El Barcelona lo
maduró a River durante los 35 minutos que aguantó el planteamiento de Gallardo.
El mejor que hay, hubo y habrá abrió la lata en otra final con otro gesto
técnico irrepetible para la historia y ahí se acabó el milagro de los de Núñez.
Si el partido ante el Santos de PH Ganso y un Fracasinho en ciernes marcó la
última revolución táctica con el 3-7-0 de Guardiola, la segunda parte de los de
Lucho ratificó el dominio de “La Década” prodigiosa. Lo mejor que vimos, y
posiblemente veremos, en un campo de fútbol.
La
sobreexcitación de un extramotivado River no compensó las bajas que sufrió tras
levantar la Libertadores. Mucho pesaron las salidas de Pedófilo, Funes Mori e,
incluso, la de Cavenaghi. Si bien hay que reconocerle al muñeco, aficionado a
los libros de historia y las tácticas militares, el planteamiento de un equipo
con mucha ilusión y algunas pocas fisuras. Pero ante el mejor equipo de la
historia poco pueden hacer todas las lecturas de Sun-Tzu. La mejor delantera que vimos pareció no padecer los
problemas físicos que arrastraba y Casper levantó la Copa tal y como estaba
planeado.
Es un torneo
extraño este Mundial de Clubes. La antigua Intercontinental contaba con la
magia de una final a partido único y en los tiempos que corrían los equipos
sudamericanos parecían más potentes que los actuales. La democratización del
fútbol acogió en su nuevo formato a los campeones de los cinco continentes, lo
que desvirtuó sensiblemente el parecer de los aficionados. Pero no nos
engañemos, siempre es un lujo ver estos partidos y, mismamente hace tres años,
el Corinthians de Paolo bailó a un Chelsea (sí, de Gordítez) que pudo con los mejores de aquí.
River fue un gran contendiente y dignificó una final que, en el fondo, siempre
supo que las bajas le hacía jugar con las cartas marcadas.
La década
2005-2015 cierra con el Barcelona como el equipo con más títulos de la
historia, la comparativa con cualquier otro club se antoja sonrojantemente
ridícula y sólo queda ver cómo vamos a seguir creciendo. El equipo presenta un
Messi en su madurez futbolística, a Fracasinho dispuesto a coger el cetro en
unos años y el mejor delantero de la década como punta de lanza de un arma
mortal. A esto hay que sumarle unos escuderos que cierran filas en torno a un
equipo de época, donde los que a priori aquí brillan menos resultan los mejores en su puesto (Piqué, Alves, Busquets, Iniesta…). Encontró el
Barcelona su piedra filosofal con Dios en la Tierra y lo equilibró con un ideal
futbolístico que venía trabajando desde que Johan sorprendió a todos. El
resultado no pudo ser mejor. El "Barcelona de Messi". Campeones del mundo. Los mejores de la historia.
XI: Bravo,
Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Busi, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar, Luisito.
Goles: Messi,
Luisito, Luisito.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Dios en la Tierra
Atlético 1-2 Barcelona. Liga, jornada 3
Comenzó el partido con el ambiente enrarecido. Dios en la Tierra, recientemente padre por segunda vez, no encontraba acomodo en los gélidos banquillos del Calderón, cuna de algunos asesinos y muchos haters de Da Silva. Con esto, el Barcelona templó a un descafeinado Atlético a lomos de un tierno Fracasinho y un Iniesta que nunca se cansó de bailar con los rivales. El perro Suárez, mohíno y cariacontecido, estampó una facilidad en el travesaño para disgusto de Luis Enrique, que no terminaba de ver las piezas encajarse del todo. Vermineitor cayó lesionado y nos entristecimos porque es nuestro hombre. Amén de que Ma Ma Ma Maaascherano no parece estar para muchos trotes después del disgusto de la Copa América. Y esto fue lo más remarcable de una anodina primera mitad. Tras el descanso, el Barcelona entró al campo más perdido que Sherman McCoy callejeando descapotado por las avenidas del South Bronx y el paquete de Torres le pusó unas buenas banderillas a un Ter Stanton que no vive su mejor momento. Pero Da Silva, que crece como futbolista –si es que no está crecido ya- a base de castigar a un Atlético que encuentra en el 10 de la canarinha a su némesis, decidió que el portero, por muy largo que fuese, no iba a llegar al ángulo donde sólo la ponen los mejores. Tras esto llegó el momento en el que Luis Enrique decidió hacer lo que mejor sabe hacer, que es decirle a Dios en la Tierra que haga lo que crea conveniente. A los Atléticos les entró el cagazo y todos disfrutamos de una exhibición con la que satisfacer nuestros refinados gustos futbolísticos. Dios en la Tierra se movió por donde quiso, dijo esta boca es mía y se convirtió en el amo y señor de la noche. Pintó a los colchoneros como niños y se guardó la pelota como si fuera un regalo para su hijo. Ni una vez se la sacaron. En estas, la única pared medio decente que le devolvió el perro acabó con una deliciosa picadita con el exterior que el Diè envió al fondo de las mallas para poder dedicarle el gesto a su bebé. Acabó el partido con la resignación local y todos nos fuimos a casa felices y con la sensación de que podremos tener problemas de todos los colores que poco importarán mientras este marciano siga estando con nosotros.
Comenzó el partido con el ambiente enrarecido. Dios en la Tierra, recientemente padre por segunda vez, no encontraba acomodo en los gélidos banquillos del Calderón, cuna de algunos asesinos y muchos haters de Da Silva. Con esto, el Barcelona templó a un descafeinado Atlético a lomos de un tierno Fracasinho y un Iniesta que nunca se cansó de bailar con los rivales. El perro Suárez, mohíno y cariacontecido, estampó una facilidad en el travesaño para disgusto de Luis Enrique, que no terminaba de ver las piezas encajarse del todo. Vermineitor cayó lesionado y nos entristecimos porque es nuestro hombre. Amén de que Ma Ma Ma Maaascherano no parece estar para muchos trotes después del disgusto de la Copa América. Y esto fue lo más remarcable de una anodina primera mitad. Tras el descanso, el Barcelona entró al campo más perdido que Sherman McCoy callejeando descapotado por las avenidas del South Bronx y el paquete de Torres le pusó unas buenas banderillas a un Ter Stanton que no vive su mejor momento. Pero Da Silva, que crece como futbolista –si es que no está crecido ya- a base de castigar a un Atlético que encuentra en el 10 de la canarinha a su némesis, decidió que el portero, por muy largo que fuese, no iba a llegar al ángulo donde sólo la ponen los mejores. Tras esto llegó el momento en el que Luis Enrique decidió hacer lo que mejor sabe hacer, que es decirle a Dios en la Tierra que haga lo que crea conveniente. A los Atléticos les entró el cagazo y todos disfrutamos de una exhibición con la que satisfacer nuestros refinados gustos futbolísticos. Dios en la Tierra se movió por donde quiso, dijo esta boca es mía y se convirtió en el amo y señor de la noche. Pintó a los colchoneros como niños y se guardó la pelota como si fuera un regalo para su hijo. Ni una vez se la sacaron. En estas, la única pared medio decente que le devolvió el perro acabó con una deliciosa picadita con el exterior que el Diè envió al fondo de las mallas para poder dedicarle el gesto a su bebé. Acabó el partido con la resignación local y todos nos fuimos a casa felices y con la sensación de que podremos tener problemas de todos los colores que poco importarán mientras este marciano siga estando con nosotros.
XI: Ter
Stanton; Sergi Roberto Lateral, Mascherano, Vermineitor (Matthie), Alba; Busi, Rakitico (D10S), Casper;
el Alcántara regulero, Perro, Da Silva hecho hombre.
Goles: Da
Silva, D10S
Puntajes: Ter
Stanton 4; Sergi Roberto 10, Mascherano 3, Vermineitor 8, Alba 4; Busi 10,
Rakitico 6, Casper 7; Alcántara regulero 8, Perro 4, Da Silva 8, Dios en la
Tierra 1000000
jueves, 10 de septiembre de 2015
Dales, Pokerstars
Existen
personas que no quieren mezclar fútbol y política pero ni quieren oír hablar del hecho de cambiarle el nombre a una competición nacional y están también quienes aducen que
los deportistas tengan opinión personal siempre y cuando no contradiga la suya
propia. A estos cuñaos de manual no les molestó nunca que el paquete de
Fábregas pasease una señera tras ganar una Supercopa en la que, como acostumbran, en
otro alarde de deportividad no se quedó el Madrid a ver como la levantó el eterno
rival. Con Piqué, sabido su apoyo a la consulta soberanista pero sin que él
mismo aclarase su posición ideológica respecto a la misma, tampoco nadie se molestó
hasta que se burló con gracia y sorna del Madrid. Ah, amigo. Para más inri, el jugador ,que siempre lo dio todo por la selección, ha de ver su imagen maltratada tanto por medios
afines al equipo que no lo puede ni ver como por compañeros de selección
militantes –o ex militantes- del mencionado equipo que para colmo rozan el retraso mental. Jugadores por cierto que
tomaron el club como cortijo propio y a los que sólo les faltó orinarse
literalmente en un escudo maltratado por ellos y sus entornos más cercanos.
Pero al aficionado random parece no importarle tanto las tropelías que perpetró
el portero más amargo de la historia del fútbol español ni el chantaje
épico al que Canelita sometió al club durante todo un verano para ganarse
una renovación mayúscula tras uno de sus peores años como jugador –y no han sido pocos-.
Y es que bien harían los madridistas en rasgarse las vestiduras y no tomar como
propia una selección donde siempre predomina la clase barcelonista. Ya saben
ellos sobre qué jugadores y estilo de juego se cimentó el equipo que levantó el
único mundial que disfrutaron. Dicho esto, no sería de extrañar que el que ha vuelto a ser el mejor
central del mundo se plantee si merece la pena soportar estas necedades
y quedarse en un combinado con poco presente y parece que menos futuro donde
recibe cobardes críticas tanto de prensa como de compañeros una vez acabadas
las concentraciones, o centrarse en el club de su vida. Como poco, no les vendría mal una corrección educada que les ponga en su sitio del compañero que, por muchas bromas que haga, tiene más cabeza y sentido común que ellos dos juntos -lo que tampoco es que sea meritorio-. Pero por lo pronto, no
parece probable que el aficionado medio sepa discernir entre lo que es la Selección y el Real Madrid, cosa que no es de extrañar viendo los resultados
que últimamente cosechan ambos.
PD Siempre es
catártico delegar responsabilidades y buscar excusas nimias, pero correr un
tupido velo sobre el partido de la selección en el Bernabéu y dejar que los
medios justifiquen el cambio de sede con el tema Piqué engañará a pocos. No
pasa nada por asumir que la selección pierde caché a borbotones y no llena tres
cuartos de entrada ni en campos de tercera categoría.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Volvió River, amigos
River entra al
campo en la final de Libertadores 1996
Aquel fatídico día que se convirtieron en RiBer para siempre, los que no embalsaron al Atlántico bajando el Rio de la Plata empezaron a contar los días que faltaban para ir a Japón. Purgativo ejercicio para soportar las cuitas y mufas -“Te fuiste a la B por puto y cagón”- que tendrían que aguantar toda la vida. Tras el cagazo contra Belgrano, el incomprensible campeonato argentino se alejó más si cabe del foco que ya había perdido. Aunque al año siguiente los grondonitas de la AFA volvieron a inscribirle en la primera nacional, el daño a River estaba hecho para siempre. Pero el país del insulto y la descalificación lo necesitaba más que nunca, y los Millonarios respondieron con fuerza.
La fulgurante
aparición del Huracán de Cappa y Pastore poco más sirvió que para evidenciar
las corruptelas de una Federación que entendió el Superclásico como su mejor
escaparate. En el primer RiBer-Boca de la historia, los barras del gallinero dejaron
claro que no se les iba a aflojar el orto y tras semanas laburando flotaron delante de la
tribuna visitante el cerdo volador más grande la historia, -vestido con la
camiseta de Boca, claro-. Luego empezaron a pasar diferentes cosas en los
barrios como la lucha por el control de la 12 en Palermo, pero mientras Boca se
preocupaba de nimiedades tales como a qué lider le daban por el orto entre rejas,
en Nuñez River empezó su redención. Para ello no dudaron en traer al
entrenador más polémico y exitoso de su historia. El descaro y la provocación
de Ramón Diáz -mítica la de la camiseta- calentaron con sarna a unos bosteros que ni se
enteraron que River salió campeón. La vuelta de exjugadores como Ponzio y
Cavenaghi, sumado al carisma de una estrella como Pedófilo Gutiérrez conectó
con un público que seguía queriendo hacer cosas grandes.
Objetivo Japón,
River se planteó la Libertadores 2015 como el final del camino. Huelga decir
que el ecosistema del fútbol sudamericano dificulta sobremanera la planificación
de los planteles tanto por el escaparate europeo, donde las figuras no esperan
a madurar para cruzar el charco; como por calendario de la Libertadores, que
para un mes antes de semifinales a jugar mundiales o copas América. En
cuartos, el último Superclásico vivió la penúltima situación surrealista de
este fútbol.
Tras el
numerito del dron, El lanzamiento de gas pimienta por el túnel de vestuarios a
la salida de River no solo contó historias para aburrir, hizo famoso al Panadero y sacó a Boca de la Copa -los escritorios, según ellos-, sino que le dio a River un eslogan para recordarles toda la vida. Si unos siempre
cantaron el “te fuiste a la B...”, los gallinas tendrán en “TIRASTE GAS” su canción
preferida. Tras destrozar a Cruzeiro, el periplo argentino en la Copa América, huérfana de jugadores millonarios, permitió a River armarse tras las salidas de Teo y
Aimar –que volvió y se fue con la misma presteza- con las incorporaciones de
Lucho Gonzalez y Saviola; fichajes más para satisfacer a la grada que al Muñeco
Gallardo. Y, tras destrozar a Guaraní en semis, River llegó a la final.
Hoy noche, la lesión de Rodrigo Mora deja a River sin un delantero de garantías para la vuelta de la finalísima. Pero poco importa, esto. En Sudamerica tienen claro que los partidos se ganan con el cuore y, sobre todo, con la gente. Y viendo el recibimiento que la Bombonera hizo a Carlitos Pueblo, miedo da pensar en cómo puede estar el Gallinero la noche en que River volvió para quedarse.
Hoy noche, la lesión de Rodrigo Mora deja a River sin un delantero de garantías para la vuelta de la finalísima. Pero poco importa, esto. En Sudamerica tienen claro que los partidos se ganan con el cuore y, sobre todo, con la gente. Y viendo el recibimiento que la Bombonera hizo a Carlitos Pueblo, miedo da pensar en cómo puede estar el Gallinero la noche en que River volvió para quedarse.
P.D. La
clasificación de Tigre a la final le dio al Millo el pasaje directo al mundial
de clubes. En una cultura que siempre quiso estar por encima del otro, los
equipos argentinos siempre creyeron en este campeonato ante la prepotencia
futbolística europea como su cita más importante. No es para menos, vista la
locura que se vivió cuando Riquelme le armó aquel quilombo a
los que siempre acaban haciendo el
tonto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





