sábado, 30 de abril de 2011

Bendita falsa modestia

La polémica suscitada tras el penúltimo carrusel de clásicos sitúa a los dos técnicos en el punto de mira de las críticas que surgen de todas las direcciones posibles.

Tras el varapalo de la Champions, el técnico del Madrid se desahogó a fondo contra su demonio particular (FCB) con medias verdades, falsas y graves acusaciones y falsas promesas tardías en temas tácticos. Por su parte, Pep volvió a su tónica habitual, no sabía nada y no tenía nada que decirle a José, puesto que ya le regaló su Champions en la rueda de prensa. El puto amo ahora era él.

José, impotente ante un Barcelona superior contra once y, más aún, contra diez, no buscó más culpables y responsables de su catástrofe particular que las altas estancias, las conspiraciones y las manipulaciones funcionariales. Quizás traicionado por su ego, no olvidemos que, tras una emotiva presentación de power point del portugués ante la directiva culé, el club prefirió a Guardiola (entrenador de casa pero sin experiencia en la máxima categoría) que a él (entrenador de renombre mundial). Sea como fuere, Mourinho se olvidaba rápidamente del pretérito perfecto. Apuntaba contra árbitros que en un pasado supuestamente beneficiaron al Barcelona pero no mencionó nada de otros colegiados que actuaron cuando la moneda cayó del lado del portugués. El entrenador se autoexculpó a él y a sus jugadores y se quedó tan ancho. El madridismo (estadísticamente) está con Mourinho, pero no sabemos si es una campaña de manipulación o si es verídico. Reflexionando, es evidente que la temporada blanca ha resultado ser la mejor de los últimos ocho años, si bien es cierto que la inversión económica ha sido bestial y ha crecido exponencialmente, sobre todo desde la llegada de Hans a la presidencia. Sin embargo, la crispación ha alcanzado cotas “top” en este club. Las relaciones con las instituciones y otros clubes se han deteriorado de forma sin precedentes y los jugadores, tras éste último partido, parecen haber retirado el apoyo a su entrenador.

En el Barcelona, luchando contra viento y marea frente al poder de los medios de comunicación nacionales (la prensa internacional alaba los éxitos y triunfos del club mientras que aquí se ponen una y otra vez en duda), Guardiola mantiene un discurso que, por excesivamente educado y respuetuoso, los medios y el club rival lo califican de pedante y falsa modestia.

El entrenador ha mantenido su discurso durante todo su ciclo en el club. Ha mantenido la concentración de unos jugadores acostumbrados al éxito frente a rivales infinitamente menores ensalzando sus virtudes cuando muchos veían una clara superioridad y no se le ha visto ninguna salida de tono en este periodo. En la prensa blanca, lo critican por haberse lamentado de que el linier tuviese tanto acierto para ver un escaso pero justo fuera de juego, tergiversando sus palabras y transformando una observación en una queja. Como si criticase la decisión del linier en vez de lamentarse porque éste tuviese tanta vista o Pedro arrancase dos metros adelantado, que no es lo mismo.

Cada uno se formará sus propias opiniones y apoyará a quién quiera o con el que sea más afín. La realidad es que el Real Madrid ha perdido una liga dejándose puntos contra rivales que pelean por mantener la categoría mientras que el Barcelona, tirando de prudencia o de falsa humildad –cada cual lo ve como quiere- va a ganar su tercera consecutiva y esta camino de llevarse la segunda Champions en tres años.Bendita falsa modestia.

Pero ahora parece que lo que importa es ver que video de la entrada de Pepe está manipulado, que tiene tela.

Recomiento encarecidamente leer la entrada del blog de Trouroblaugrana http://trouroblaugrana.blogspot.com/2011/04/estamos-todos-locos.html para hacer un objetivo repaso de esta casa de locos que está siendo el carrusel de clásicos.

jueves, 28 de abril de 2011

La pelota tiene razón

Las casas de apuestas lo tenían claro: con el dinero no se juega y existía un favorito, y ese favorito no jugaba de local ni contaba con todos sus efectivos titulares. El fútbol les dio la razón.

El Madrid echó a correr el esférico y a los 15 segundos ya dibujó una clara parábola sobre las cabezas del centro del campo blaugrana hacia tierra de nadie. Las cartas estaban sobre la mesa, excepto una quizás del Barcelona, de la que hablaremos más adelante. La baja de Iniesta, coartada en la que se escudó “el puto amo” para atrincherar a Pepe en el centro del campo no le hizo cambiar de opinión. Tampoco la medrada defensa culé, con la improvisada experiencia de Puyol en el flanco izquierdo alentaron la escasa mentalidad ofensiva del conjunto local. Con esta situación, los blancos se alinearon tras la linea de la divisoria, mientras que los azulgranas buscaban los pocos resquicios que deja un equipo que defiende con 9 de campo en su medular. Aun así, las mejores ocasiones fueron para los de Barcelona. Messi se volvió a inventar un pase imposible pero Xavi (espléndido todo el choque) topó con Casillas. Un par de acciones individuales de Villa, que parece recuperarse poco a poco, avisaron a la porteria del fondo sur. Por parte del Madrid las ocasiones llegaron solo a balón parado tras dos piscinazas de Di María, que le sacó la cartulina a Dani Alves.

No faltó la polémica, los culés, cansados de recibir y del juego al borde del reglamento de los otros partidos, las intimidaciones al árbitro y las guarradas fuera de tiempo (de esto no se pudieron librar) exageraron las faltas de los blancos que se saldó con la amarilla de Arbeloa (con olvido de la de Ozil). Una tangana en el túnel de vestuarios donde a un feo gesto de Pinto le correspondió una chulería de Chendo (contagiado por la excitación constante del banquillo blanco) se saldó con la expulsión del portero suplente en el intermedio.

La salida de Adebayor y el adelanto de la linea de presión dificultó la fácil salida de balón de la zaga capitaneada por Piqué, excelso en la salida de balón pero inocente en dos ocasiones. En el minuto sesenta, Pepe hizo de él mismo. Se empeñó en que Dani Alves protagonizase la danza de los cisnes en pleno salto con una salvaje plancha que impactó en su tibia y le hizo rotar 180 grados una vez en el aire (lo cual es imposible por empuje propio una vez iniciado el salto), y le hizo un flaco favor a su equipo. A partir de aquí, el Barcelona jugó con el rival. En el banquillo de los 140 millones no hubo movimiento, en el de los tres y medio (tres de Affelay y medio de Pinto) sí. El cambio de Pedro, falto de chispa y pisado salvajemente por Marcelo, por el holandés marcó el punto de inflexión. Desde Breda agarró la pelota para, con una suave pausa y el semirresbalón del brasileño, desbordar al lateral y dársela a Messi que, huyendo de la marca de Alonso y anticipándose a Ramos, anotó el primero.

A partir de aquí fue coser y cantar, más bién hilvanar pases hasta encontrar otro hueco. Messi, impaciente, se lo buscó el solo. Agarró la pelota en la media y, regateando a los cinco defensores que lo seguían, batió cruzado al portero por el palo largo. La eliminatoria estaba sentenciada. Pep le terminó de pintar la cara a su homólogo con la salida de Sergi Roberto, un chavalín con cara de querubín que deslumbra a quién le ve en el filial. El arbitró pito el final y el puto amo había caído con todo el equipo. La rajada en rueda de prensa, donde al Real club Florentino (personificado en la figura del portugués) sólo le quedó el pataleo ridículo, evidenció la impotencia blanca. 

Demoledora lección de estrategas. En el duelo más importante del carrusel de clásicos Guardiola regaló la champions de la sala de prensa para dar un pasito más hacia ese santuario culé que es Wembley. El Madrid, que no quiso ir a por el partido en casa, sólo le quedaron las lamentaciones y las conspiraciones, fanatizados por un técnico que, pese a venir con la etiqueta de mejor entrenador del mundo, poca herencia futbolística va a dejar en Chamartín. A los culés, cimentados en la posesión de balón (500 pases frente a los poco más de 100 blancos), el fútbol les dio la razón que Cristiano parecía querer robarle la semana pasada con aquello de "la posesión no importa". La prensa internacional, única medida neutral en estos mundos, alabó la victoria culé.


P.D. Un saludo a Antonio Burgos. El señoritingo andaluz con bastón, firmante en ABC y disfrazado literal, que no literariamente de Hemingway, que deseó una manita para los culés porque le irrita que en Cataluña quiten los toros pero humillen al Madrid al compás de los “olés” que marca el, para él, alelado de Messi. Vaya usted con dios, y con la UEFA, que seguro que estará viendo conspiraciones y ovnis, como medio madridismo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Guardiola. Acoso y derribo

La constante provocación de la prensa centralista junto a los improperios y la mala educación de Mourinho recibieron lo que ellos creyeron como “su premio” tras la reprimenda de Pep Guardiola.



España es bipartidista. Antes como posición ideológica y política y ahora, en tiempos de apoplejía mental, deportiva (y política también). Rojo o facha, izquierda o derecha, pesoe o pepé, y siempre, o mejor dicho a partir de la decadencia atlética, Barcelona y Real Madrid. En tiempos de héroes descafeinados y figuras del deporte con ridículos coeficientes mentales también: Messi o Ronaldo, Mourinho o Guardiola. Lo demás nos trae al pairo. En este contexto los medios de comunicación, que no de información, saltan a la carroña fácil. Bombardeos de análisis, reportajes y comparaciones a todas horas, telediarios deportivos de cincuenta y cinco minutos y presentadoras carne de solarium sin tener ni puta idea de lo que hablan. Los antiguos telediarios ya no sirven, la tragedia de África no da publicidad y la situación política está tan corrompida que a la plebe solo le queda el fútbol y las pipas como salida de escape a la rutina diaria. De esta situación no escapa nadie, la gran mayoría somos partícipes y en gran parte culpables de ello. El mejor escenario para la manipulación pura y dura. Pero todo tiene sus límites, los límites que rebasó la caverna españolista llevada en volandas por Hans Topo, anteriormente conocido como Florentino.

Históricamente, el partidismo y el periodismo de camiseta siempre ha existido. Nunca faltarán en este deporte las polémicas, los victimismos, las acusaciones y las denuncias. Siempre ha habido y siempre habrá tales comportamientos. En otros tiempos, la diferencia radicaba en que el primer equipo de España era el que más aficionados, títulos y reconocimiento gozaba. Pero en veinte años, casi sin que nadie se diera cuenta; la llegada de Cruyff al banquillo del eterno segundón victimista, el aterrizaje de Ronaldinho y la explosión definitiva de la masía (Messi a la cabeza) y el nombramiento de Guardiola de entrenador ha provocado un cambio de papeles y situado al Barcelona en la cima del deporte rey. Demasiado para aquellos viejos ricos. Nada duele más que al eterno rey le llegue la hora y le desbanquen de su trono. Encima el eterno rival. Halagados y deslumbrando en todo el mundo, sufriendo humillaciones temporada sí y temporada también. Demasiado para la caverna y demasiado para España, encima catalanes, quitan los toros y quieren la independencia.

El primer año se entendió como algo pasajero y espontáneo, una moda. El segundo empezó a cansar, Hans (españolito de pro) no lo toleró y acudió al rescate cual mesías, tampoco resultó. Para el tercero solución de urgencia: traerían al demonio culé, aquél que los salvó de la hecatombe que hubiera sido que la masía levantase su cuarta orejona en su propia casa, y toda la artillería pesada. La humillación del 5-0 con la que entramos en el invierno fue la gota que colmó el vaso, ni una más, el madridismo había explotado. Mientras el demonio calentaba el ambiente semana tras semana, la prensa pinchaba un poquito más cada vez y el querido Hans tiraba por el retrete los antiguos valores (ya de por sí dudosos) del señorío y la educación. A la señora educación la tiraron por inercia puesto que no hacían mucho uso de ella y el carrusel de clásicos se presentó como una oportunidad de oro. Tras largas humillaciones, el madridismo ganó la copa del rey, para luego tirarla cerca de donde yacía la educación, y se creció.

La caverna de florentino no ha visto mejor momento para rematar la faena, han preparado un ataque suicida con todo, y Hans ha invertido muchos millones para que el Barcelona vuelva donde el cree que merece estar. Las continuas sandeces y despropósitos que sueltan los maledicientes periorrisas junto a los improperios de Ramos y el demonio han convertido al Barcelona, y sobre todo a Guardiola, en un objetivo inofensivo contra el que descargar sus penurias e insultos. ¡Y cuidado que no se defiendan!. Porque pecaran de falsos humildes y de prepotentes y ególatras. Aquí solo se queja el madridismo, a los demás que ni se les pase por la cabeza.

Parece mentira, pero el madridismo lo ha conseguido, a base de periodistas con cierto retraso mental, forofismo y antideportivismo. Luego queremos Fair Play, yo te parto la pierna y te piso los huevos, pero no se te ocurra quejarte ni mostrar signo alguno de dolor (veasé Arbeloa, dos veces), porque pecarás de cuentista y soberbio. Cada día nuevas patrañas, denuncias e insultos hacia el Barcelona, tergiversaciones y críticas constantes, y como te quejes has entrado al trapo, eres un falso humilde.

De alguna extraña manera y forma de manipulación, todo lo que se diga o haga contra el Barcelona es lícito, pero ojo como alguien diga o haga algo contra o que ponga el duda al Real Club florentino. A Diego Torres, gran redactor del País y narrador del universo blanco, lo ponen a caldo como se le ocurra mencionar en un artículo que Mourinho dice o hace tal cosa. Incluso en el barcelonismo han instaurado un clima de amansamiento peligroso. Si un escritor de "El País" compara al susodicho Arbeloa con Mayor Oreja, ahí están los que denuncian el "periodismobasura", no vayamos a caer en la tentativa de comparar ambos mundos de sinverguenzas, a riesgo de que la mierda se mezcle. Y a Martín Girard, tanto culés como lecheros se le tiran al cuello por escribir artículos en unos ambientes imaginarios surrealistas (demasiado para esos cerebros atrofiados) y cuidado si se le ocurre mencionar las banderas nazis de los seguidores del Madrid, ya están los pseudointelectuales del fútbol, esos adictos al twitter denunciando conspiraciones periodísticas. Puesto que todo lo que no sea hablar de tácticas es, otra vez, periodismo basura. Automatismos preparados para recibir, recibir y recibir.

Ante tanto imbécil Guardiola ha respondido hoy. No contestaba “indirectas” y la respuesta ha llegado con el tuteo. Ha puesto al demonio en su sitio, al lateral zevillano corto de miras en evidencia y a los que disfrutamos con la sátira nos ha recordado quienes son los "amigos de la lechera”.

Pero como el tinglado mesetario tiene todo el circo montado. No estamos hablando de un hombre educado que ha aguantado las insinuaciones, acusaciones y los vilipendios del malediciente, grosero, triste y provocador hasta que le han mencionado con nombre y diminutivo y ha contestado harto (como es lógico) a la enésima provocación. Ahora se habla de que el falso humilde, gracias a la habilidad de las tretas y triquiñuelas de ese complejo juego mental al que le somete el gran Mourinho, ha sacado a relucir su verdadera personalidad. Con dos cojones.

martes, 19 de abril de 2011

El sueño de José (Mourinho) y Martín Girard

José la divisó a lo lejos, había salido de su casa victoriana, de unos cuantos millones de euros, y decidió que no habría mejor ocasión para refrescarse el gaznate. Un chico rubio, de pelo largo y lacio (como el suponía que le gustaban a su vecino de las afueras de Madrid) le abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja. Le saludó cortésmente, le preguntó como le iba todo, que era de Santander y ahora se encontraba a la deriva. Pero sin rencores. Mourinho entró, pensando que ese chaval estaba ido, en cualquier caso le sonaban esas maneras y esa forma de andar, pero pasó del botones y entró a por un trago.

Si pensaba entrar en una taberna tranquila, se había equivocado de pub. Mourinho, que era persona afable y querido entre sus allegados, reconoció a casi todo el personal. Ahora tendría que hacerse el simpático, una lata, pero debía guardar las formas puesto que no estaba en una rueda de prensa. Decidido a saludar al diablo, con pinta de ejecutivo de Telefónica y asiduo al palco madridista, algo distrajo su atención. Un dossier con membrete del Inter de Milán, firmado por Martin Girard y con una nota: para H.H.  Lo recogió del suelo y ojeó algunas páginas. Algo le contaron a orillas del lago Como sobre Helenio Herrera. Mourinho, lamentó no recordarlo maldiciendo por qué tendría la fea costumbre de pasarse por la piedra la historia de los sitios donde trabajaba. Indignado por el contenido, descubrió antiguos planes para romper defensas. ¡Era un ensayo anti-catennaccio! Estupefacto, miró a ambos lados, se aseguró que no le viesen y se escondió el informe dentro de la solapa. Sentíase como Jorge de Burgos, lo recordó de una película que una vez vio con su vecino un fin de semana de selecciones. Este documento guardaba un asombroso paralelismo con la película (y el libro que nunca leyó) y, como aquel libro de Aristóteles que hacía apología de la risa, no debía ver la luz. La plebe no podía tener conocimiento de estas herejías y pensó que la risa, como el fútbol fantasía, acabaría con el respeto, el miedo y el resultadismo. No estaba dispuesto a dejarlo correr.

Satisfecho con su descubrimiento, observó que un abuelete lo miraba con una sonrisilla burlona. No sabía José, que Gonzalo Suárez (firmante como Martín Girard) guardaba copias mecanografiadas del dossier, y se las había dado a su enemigo Pep, que era un declarado devorador de libros, amante de la risa (aunque no reía en público con asiduidad) y del fútbol fantasía. El ensayo estaba a salvo. Antes de llegar hacia el ejecutivo, observo como Granero y Pedro León ahogaban sus penas en unas jarras de cerveza que les había, entre consejos, dado Michael Robinson. Quién prometía a las figuras tiempos mejores con campos cortados al raso, además de minutos de gloria donde desplegar sus habilidades.

Mourinho dirigió una mirada malintencionada a la muerte, que bajo la túnica negra vestía calcetas azul y grana, y llamó a la rubicunda Doris que, sentada sobre el capitán Grasón, discutía con Gonzalo Suárez sobre el fútbol del Manchester United. A Mourinho esto le pareció una tontería como una casa. Sorbiendo la jarra que le sirvió la camarera, de golpe miró al televisor, donde antes de la previa del derby de Londres se sucedían unas imágenes que Mourinho nunca quiso ver. En la ciudad de la cultura los teatros estaban vacios, y la calle se llenaba de gente con barretinas que se pegaban, gritaban y saltaban. A Mourinho, que se temía lo peor, solo le faltó ver al enano de Rosario borracho, con un micrófono diciendo que el barcelonismo se merecía esto y más, y que la temporada no había terminado. José, desconcertado, recordó por qué estaba allí, y vio al campeón de copa disfrutando de su título.

Entre las risas de Michael y Martín Girard, las de la muerte consolando a Pedro León y Granero y la cara de póker del cántabro. Mourinho despertó de su sueño. Se encontraba en un cómodo sofá que había mandado instalar en su despacho (no fuera a ser que se sentase en el antiguo de Manuel, que ahora vivía en los suburbios del sur, pero eso era algo que no podía pasarle a él, ya se había encargado de que el público se enterase). Miró su reloj, aquel que le había regalado su presidente y respiró tranquilo. Todavía quedaba un día para la final de copa, por lo tanto, el demonio catalán, el amigo de los árbirtros, esos malditos conspiradores, no había ganado nada. Por no haber no había ganado ni la liga.

Raudo y veloz, sabedor que de tenía tiempo suficiente para preparar el choque del día siguiente, corrió hacia el campo de entrenamiento. Sabedor de que las cámaras no tenían cabida en sus entrenamientos (como su amigo Pedro León) instruyó a su segundo. Karanka era un vasco afligido al que nadie reconoció ningún mérito en ser partícipe de las últimas tres copas de Europa blancas. Orgulloso y fiel a su amo, por un día dejaría de ser el correveidile del vestuario. No importaba que el preparador de porteros y el fisio se descojonaran y rieran de él, podrían mofarse todo lo que querían, hoy sería el jefe del entrenamiento. "Nada de ataques estáticos", dijo Mou. "Cerrojo y contragolpe, ¡ah!, y dile a Ozil que deje de ensayar saques de falta".

Con el trabajo bien hecho, una última carrera hacia la sala de presa para terminar los deberes, no sin antes recordarle al de seguritas que había que darle de comer a las bestias, pero no cualquier cosa, Pepe debía estar a tope para el día siguiente. En la rueda de prensa esperaban Inda y Relaño. Otro director de periódicos, del que se comentaba su afición a los tutús y era tocayo del murciano León, dirigía las preguntas. José respondió a las mismas de los directores de periódicos deportivos y, satisfecho de haber ganado una batalla más, rodeado siempre de gente importante se encontró con Alonso para que le llevase a casa en su Ferrari, regalo del ruso. Fernando le recordó lo importante que era el choque, pero Mourinho pidió silencio, quería estar tranquilo la víspera de la final. Sus planes se truncaron cuando, a puertas de su casa en las afueras de Madrid, esperaba su vecino. El arquitecto con pinta de bujarra y fular multicolor, asiduo a los programas de casas de lujo en cadenas supuestamente progresistas, le esperaba con una sonrisa de oreja a oreja, y le dijo que por qué no entraban y veían “Casablanca” juntos.



PD Para entender esta pequeña historia ambientada en los escenarios surrealistas de Martín Girard, habría que conocer los artículos del mismo en El Pais. Del que me gustaría copiar un estracto de su escrito de hoy: “Primer Round”.
“Antes de que el partido comenzara, el hijo de la mujer invisible manifestó la conveniencia de que un determinado jugador pateara la cabeza de otro para quitarlo de en medio en las venideras confrontaciones. Hasta La Muerte se sonrojó. Y el Diablo, que era del Madrid como Dios, con su pezuña zurda, propinó una coz en la boca del malediciente niño. "Las maldades deben impartirse con disimulo y señorío", sentenció. Ilustrando el aserto, el balón empezó a rodar sobre una hierba seca y crecida…”

lunes, 18 de abril de 2011

El análisis de dos grandes

Di Stéfano y Cruyff, dos grandes de la historia del fútbol guardan relación con la burguesía nacional, y han hablado del clásico.

En España y en Inglaterra, el fútbol es todo. Horas de telediarios, análisis, reportajes, estadísticas (esas inútiles estadísticas), debates, discusiones, blogs e infinitas opiniones. En Inglaterra dicen que, como todo el mundo opina, Capello se enfrenta a cincuenta millones de seleccionadores, todos con su alineación. Aquí no es diferente, todo el mundo tiene que decir algo, verdad por delante. Y podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la amplia mayoría, partiendo de que no tiene ni idea, sólo dice chorradas. Entre los periodistas la cosa no es distinta, basta ver que sólo un selecto grupo de este gremio se detiene a analizar las cosas desde un punto de vista neutral, y pocos muestran intereses en fronteras que traspasan la temática del clásico. Aunque todos coincidimos en que existen unas voces que, por experiencia, currículum y grandeza, sus opiniones valen su peso en oro y lo que dicen suelen dictar sentencia para aquellos incapaces de aproximarse a sus análisis.

Estos dos grandes son la viva imagen de los grandes rivales españoles. Cruyff es el Barcelona, el germen de una idea llena de triángulos y posesión que nos ha llevado al súmmum futbolístico. El otro, Alfredo Di Stéfano, es el Real Madrid, y tiene seis copas de Europa.

El resultado en el clásico, tras el miedoso planteamiento defensivo madridista, arengó la ilusión del aficionado blanco que se veía superado y aplastado sin remedio estos últimos años. El que no se consuela es porque no quiere, y el aficionado de bocadillo, pipas y corneta sopla con la excitación del que se ve capaz. Incapaz de analizar un partido aburrido. Todo se resume en la misma idea, el Madrid empató con uno menos, y Mourinho no miente, jugamos con diez medio partido.

Años luz de los análisis de estos genios, al margen de la polémica del entrenador (zanjada por si cabían dudas por Piqué) el partido nos deparó el mismo análisis por parte de ambos. Cruyff y Di Stéfano coinciden en que sólo hubo un equipo sobre el campo, sólo uno propuso jugar al fútbol y también, sólo uno, jugó como equipo pequeño. Ambos no ven mucho futuro a este planteamiento y, mientras Cruyff analiza como debería enfrentarse a este tipo de partidos, Alfredo desde la otra orilla ve las cosas del mismo modo y propone un cambio de estrategia.

Normalmente, el campeón siempre apoyaba las acciones del técnico, pero ahora cree que el sábado rebasó los límites. A don Alfredo no le gustó ver como su Madrid de las seis copas de Europa (ahora nueve) se entregaba al rival y disponía esos pobres planteamientos. La voz con más autoridad de la casa blanca debe tener cuidado. El aficionado de corneta y pancarta, de pandereta y banderita, se puede pasar, tal y como hace Mourinho, la historia del club y las seis copas de Europa de Alfredo por dónde todos imaginamos. Porque ahora, en la casa blanca, el fin justifica los medios, y eso es algo que el aficionado tiene muy claro.

Fin del Acto I

La credibilidad de Mourinho tras la eliminación del Barcelona en la Champions del año pasado blindó al técnico portugues del linchamiento público al que fueron sometidos Juande Ramos y Capello. Ambos tachados de conservadores, los dos tuvieron en sus respectivos clásicos más posesión que el rival y más tiros a puerta.

El día de la primera revancha tras el 5-0. Mourinho se aferró al planteamiento de equipo pequeño, asimilando además su papel victimista. El patatal propuesto en un campo que pretende ser un centro del fútbol mundial, donde la hierba se dejó crecer a propósito para dificultar la circulación del balón (menos fútbol), tampoco corrió en su contra. “El Barça ha jugado en campos peores”, “Mourinho es el mejor entrenador”, decían los merengues. El planteamiento táctico tampoco espoleó las esperanzas de ver un partido entretenido. El Barcelona cocinaba sus jugadas a fuego lento, con pausa, y se encontró con el planteamiento opuesto. EL contragolpe, de consumo rápido y comida basura, fast-food y las hamburguesas de a euro. El trivote, con tres jugadores de corte defensivo (incluido Pepe que es un reconvertido central), tampoco hizo mella en el aura del luso con respecto a su afición. Con el escenario trabado y las piezas dispuestas a no dejar jugar, el Barcelona se anotó otro récord de posesión. Un diez por ciento más que en el clásico de la manita. Demasiado para cualquier entrenador, no para el del Madrid.


El centro del partido fue, con permiso de Messi, Pepe. Redescubierto como pivote defensivo, sus cualidades y defectos se elevaron a la máxima potencia. Cortó y robo balones como casi tantas patadas repartió, lo que no le impidió ver siquiera una cartulina. La permisividad de Muñiz Fernandez alentó la rabia de un Pepe que se vio con licencia para repartir. Con todo, el Barcelona se pusó por delante. Albiol agarró por el cuello a Villa y Messi transformó el penalty. Con el rival en inferioridad de condiciones, el Barcelona no quiso matar el partido. El partido propuesto por los blancos, de balonazos al área y jugadas a balón parado (el único recurso de peligro del RM), generó, junto a la salida de Ozil, una serie de ocasiones que se remataron con el penalti inexistente sobre Marcelo, que lo celebró como un título.

Sin acomplejarse en su papel de equipo pequeño, el Madrid salió con la cara alta por el túnel de vestuarios, conscientes de que habían perdido la liga. Para los aficionados, el partido guarda un amargo regusto. No le gustó a nadie. Consecuencias del pobre planteamiento del técnico blanco. Pero en Chamartín las urgencias priman más que la historia, y el fin siempre justifica los medios. No importa ser el club más laureado de la historia, lo importante es ganarle al Barcelona. La cuestión es si, con este planteamiento, podrán plantarle cara a los culés (que parecían jugar a medio gas y estar con un ojo en el miércoles). La cosa parece complicada, en este juego suele triunfar la constancia frente a los chispazos, pero puede pasar de todo. Y parece que el guión no tiene pintar de cambiar. Esperemos que, como bién dice Mourinho, los árbitros se portan un poco mejor.

viernes, 15 de abril de 2011

Los Hunos de Britania

Ayer pasábamos por encima de una reflexión que puede determinar el futuro inmediato de un histórico, o no tanto, club. El Chelsea FC, la mala gestión del multimillonario ruso Roman Abramovich está haciendo caer con más fuerza con la que subió.


Atila, en sus primeros años de la Premier League, supo adaptarse perfectamente a la filosofía inglesa, donde se mueve como pez en el agua. Un equipo con base británica de jugadores notables acompañados por portentosos físicos africanos y unas bandas rapidísimas con Duff y Robben (algo parecido a lo que pretende hacer aquí, en Madriles). Los continuos duelos con el Barcelona de Ronaldinho, Eto’o, Xavi, Messi (sí, ya estaba) al que paraban con terribles entradas, marcaron la mayor rivalidad deportiva en la pasada década, donde si bien se repartieron mutuamente, los londinenses nunca alcanzaron la gloria. Pero el equipo de Atila no aguantó mucho.

La final de Champions con el eterno rival se les escapo en el último golpe. El karma ajustició a John Ferry, capitán con pinta de hooligan que lo mismo reparte estopa a diestro y siniestro tanto en el campo como fuera de él (que le pregunten a Bridge o al periodista que comprobó el tonelaje de su Range Rover con el pie), y el penalti se fue a las nubes. Dos años después el Barcelona (otra vez) y el Inter de Atila, le echaron a patadas de la competición.

Cada año un poco más viejos, y con un poco menos de ilusiones, Abramovich se empeña en mantener arriba a un club que que históricamente no se acomodó a esa posición. Una serie de catastróficos fichajes han devaluado deportivamente el club, y Drogba no puede tirar sólo del carro.

Pero las buenas intenciones del ruso se contraponen con la malas decisiones. La única noticia positiva para los del barrio del suroeste de Londres en los últimos años ha sido la recuperación deportiva de Anelka, que lse ha echado al equipo a los hombros durante toda la competición continental, hasta que el entrenador (un propagandista del catennaccio que no sabe como jugar en las islas) decidió que lo mejor era satisfacer el ego del que pone la “guita” alineando al fichaje estrella de estas navidades. Fernando Torres, un jugador que está más pendiente del horario de la peluquería de señoras que de la portería contraria.

En Liverpool quemaron camisetas con su marcha, pero quizás deberían haberle puesto una estatua al ruso. El de Fuenlabrada llevaba dos años penosos, lo que no impidio facturar su fichaje en 50 millones de libras esterlina, un lastre demasiado mayor para “el Niño”. En cuatro meses no ha metido un solo gol, y en Inglaterra ya lo señalan como el culpable de la eliminación de Champions y lo catalogan de farsante.


Paradójicamente, a “King Carlo”  le va a costar el puesto esta última decisión. Ingenuamente sentó a Drogba en el banco para alinear al madrileño, que fracasó por enésima vez. No olvidemos que al retractarse en la segunda parte Drogba marcó el único gol de los blues en la eliminatoria.

Abramovich, que de fútbol sabe bién poco. Pretende armar un nuevo y rejuvenecido Chelsea alrededor de la figura de Torres, lo que no extraña después de los rumores del fichaje del mayor fiasco del futbol mundial: Kaká. Mucho tienen que cambiar las cosas para que Fernando sea el jugador que se le pretende. Porque en España, que ganamos el mundial a pesar de su titularidad (más por pena que por confianza) hasta que del Bosque descubrió que Pedro existía, nos hemos dado cuenta de que “El Niño” no se ha hecho mayor. En Inglaterra se empiezan a dar cuenta de la estafa y todos los periódicos se mofan de él. Pero para desgracia de los seguidores Blues, que ya piensan en canjear los abonos de Stamford Bridge por los del Museo de Historia Natural, Abramovich no se entera.

jueves, 14 de abril de 2011

Siempre Raúl

Si ayer hablábamos de los “Red Devils” como los primeros clasificados para las semifinales de Champions en la parte derecha del cuadro, anoche entró por la puerta grande el Schalke 04, el equipo de Raúl.


No tiene que estar muy contento el de la sonrisilla de cabrón. Autoproclamado “the special one”, en otros círculos se le conoce como “Atila el Huno”, ya que como el rey de esta tribu, la hierba no vuelve a crecer por dónde pasa. Chelsea e Inter han sucumbido sin oponer resistencia ninguna en cuartos y no se les augura un buen futuro, pero de eso hablaremos en otro momento.

Si ayer decíamos que los de Manchester no se encuentran en su mejor momento y aún así siempre ganaban, en el caso del Schalke es otra historia. El club no es ningún gigante bávaro ni lo ha sido nunca, pero ahí están, entre los cuatro mejores del viejo continente, en una temporada inolvidable.

La culpa no es de nadie más que de Raúl. El siete, un jugador extremadamente precoz que fue perdiendo tanta técnica y facultades al ritmo que ganaba oficio e inteligencia, ha inyectado una dosis de moral y garra increíble en el equipo teutón. Raúl hacía ya mucho que era una sombra de él mismo en el Madrid. Tanto poder atesoraba en las entrañas del club que fue desplazando al banquillo a todos y cada uno de los delanteros que han comprado en Chamartín los últimos años, aunque se encontrasen a años luz de él. A saber: Ronaldo, Owen, Van Nistelrooy, Robinho…Hasta que no aguantó más. Pellegrini lo sentó la temporada pasada y Raúl decidió principios de verano que era necesario un cambio de aires.

Raúl, quién en busca de nuevos retos no se puso las cosas fáciles a sí mismo. No eligió un retiro dorado bañado de sol y petrodólares y se largó a Gelserkinchen, donde se aseguraba jugar la copa de Europa un año más. Una competición que lidera como golerador histórico junto a Inzaghi (curioso, otro zorro del área que muchos jurarían que padece una cojera). En liga las cosas no marchan como deberían, pero el oficio y el liderazgo que aporta al equipo lo han colocado en la final de la copa y en semifinales de Champions.

La cosa está difícil, el todopoderoso ManU espera tranquilo. Pero hay que reconocerle a Raúl el mérito de llegar hasta aquí con un equipo humilde, lo que es una alegría para todos y engrandece su figura. Antes que una foto con algún político o recibiendo una copa de manos de algún funcionario de la UEFA nombrado a dedo, Raúl tiene el mejor y más merecido homenaje de las gradas del Veltins Arena. Apuesto a que cualquier jugador mejor que el no hubiera llegado ni la mitad de lejos, y a nadie más podrían subir a las gradas de esa forma. O alguien duda de quién iba a ser el responsable de esto. Raúl, siempre Raúl.

miércoles, 13 de abril de 2011

Newton Heath, imposible de derribar

El Manchester United cerró ayer, frente al millonario equipo londinense, su enésimo pase a las semifinales de la Copa de Europa.


Algo tiene este equipo. Fundado como Newton Heath en 1878, que lo hace tan especial. El FC Barcelona ha tenido que armar durante años una filosofía de juego deslumbrante para asentarse en el podio europeo, otros equipos como el Milán, Madrid, Liverpool, Juventus, Bayern y demás van y vienen, alternándose en la élite. El United no.

El club padece una brutal crisis institucional y de identidad que ridiculiza el continuo paso de presidentes en Concha Espina. La compra y el mutismo del club por parte de la familia Glazer, unos judíos con pasta con más pinta de rabinos traficantes de diamantes en Amberes que de directivos de un club inglés,  mantiene en vilo a una ciudad entera que teme por el futuro de su club. La situación ha llegado a tal punto que unos secesionistas han decidido no darle ni un penique más al club y han creado el suyo propio: el FC United of Manchester. "ManU is like my ex-weife", decía orgulloso un pelirrojo. "Meet tho owners", reza la pancarta que porta uno de estos seguidores cuando viajan con el equipo. Sólo en Inglaterra.
Centrémonos por ahora en lo estrictamente deportivo. La clave del éxito tiene nombre, apellido y título honorífico. Sir Alex Ferguson. Este escocés es un “rara avis” en el mundo de los entrenadores. La misma edad que tengo yo lo mantienen en la élite de los banquillos europeos, cambios de directiva, jugadores e incluso etapas; Sir Alex gritaba desde la cal desde antes que llegasen los patrocinadores al pecho de los jugadores, pasó por la ley Bosman y sigue entrenando en la era de la globalización, desde los banquillos de sillas hasta los modernos asientos ergonómicos con el logo de AUDI de Old Trafford, donde contar con cuatro jugadores de tu país es un mérito y no una obligación. Y Sir Alex sigue ganando y ganando cual conejo de duracell.

Algo más tiene que tener, pero nadie sabe muy bién que. El United es un boxeador al que por mucho que el rival le atize, es imposible derribarlo. Algo tendrá el United para que, tras el trágico accidente aéreo en Munich en tiempos de Bobby Chartlon en el que murieron seis integrantes, llegasen a la final de la FA Cup. Otro accidente, en otra época, dejo maltrecho para siempre a el mejor equipo del mundo del momento: el Torino. Al United no. La tragedia acrecentó su leyenda.


Dejemonos de batallitas y centrémonos en la actualidad. El equipo jugará semifinales de Champions contra una perita en dulce llamada Schalke 04, presumiblemente jugará la final. No olvidemos que el club ha vendido a tres de sus mejores jugadores (Cristiano Ronaldo, Tevez y Piqué) en dos temporadas, pero el United sigue ganando. De los 95 kilos que ingresaron por Ronaldo (más las demás ventas) no han invertido ni una tercera parte, pero sigue ganando. Berbatov es el pichichi de la Premier, pero no parece gran cosa. Rooney, el segundo mejor jugador del mundo, lleva toda la temporada lesionado, vilipendiado, rajando o sancionado por mala conducta. Evans, Carrick y Park forman un mediocre centro del campo, pero siguen ganando. No practican ni de lejos un fútbol atractivo y salvo Rooney o Nani no presumen de figuras, pero no han perdido en casa en toda la temporada y van camino del triplete.

Algunos dirán que la clave está en las figuras de Scholes y Giggs, compañeros de aquellos Red Devils de Cantona, Paul Ince y demás genios, dos académicos del balompié que se resignan a colgar las botas, pero la realidad es que se pierden la mitad de los partidos y sólo salen a dar clases magistrales del deporte rey cuando se necesita dosificar al resto o es necesario tirar de oficio. Podríamos tirarnos horas hablando del Manchester, pero no es necesario, nadie sabría decir que es, pero algo tiene.

Coincido con Gonzalo Suárez, el cineasta que firma los surrealistas artículos de ELPAÍS bajo el pseudónimo de Martín Girard. La burguesía deportiva nacional, encarnadas en el RMCF y FCB, deberán tener cuidado de, tras desplumarse entre ellos en las semifinales de la orejona, no se encuentren conque el ManU les triche cual pavo en mitad de la resaca deportiva. Porque nadie sabría decirlo, pero algo tienen.

lunes, 11 de abril de 2011

Málaga Club del Jeque

La euforia y el frenesí se desataron a mediados de verano cuando se anunció que el jeque Abdullah ben Nasser Al Thani, pariente de la familia real catarí, se convertía en el máximo accionista del Málaga Club de Fútbol.



Los aficionados malaguistas, con un equipo que arrastra una historia que no está a la altura de la ciudad (es la única ciudad grande española con un club pequeño) pronosticaron un futuro inmediato de grandezas y billetes europeos dejando atrás tiempos peores de zonas peligrosas en la tabla. Todo escondido bajo un falso telón de aparente modestia: “pero vamos a ir poco a poco, con calma, fichando bién”, “el jeque no es tonto, va a hacer las cosas con cabeza, ya verás”, se oía a lo largo de la costa del sol.

La euforia creció con los fichajes del verano, ninguno rimbombante, todos un fracaso, en Málaga se seguían viendo arriba. “El primer año es para asentarse, el segundo ya vamos hacia arriba”, otra de las perlas que se escuchaban en las tertulias. Tras un primer trimestre penoso, el Málaga se reforzó aun más en invierno. Al árabe, que por millonario se le conoce por jeque y no por moro, llenó el surtidor de la plantilla con jugadores con “renombre” pero que llevaban tres años sin jugar un partido. Demichellis, Maresca y Baptista, jugadores con más pasado que presente. Con el argentino en Alemania sin opción de jugar, los otros se entrenaban en diferentes clubes de Italia (el cementerio de elefantes) uno sin ficha y el otro sin posibilidades de jugar. Esto no amedrentó a los malaguistas que volvieron a ilusionarse. A los que hay que sumar la incorporación navideña del entrenador Manuel Pellegrini, quizá el único fichaje serio que hayan hecho en Martiricos en mucho tiempo.

El Málaga no pasó de un empate a 0 en casa contra el Deportivo a pesar de jugar estos con 10 medio partido

Pasa la temporada y en Málaga no hay ni un ápice de esa excitación estival, el club se enfrenta poco a poco a la cruda realidad del descenso, lo que supondría junto a la posible marcha del jeque la quiebra económica de un club que ya sabe lo que es pasar por eso. La gente no quiere ni pensar lo que le supondría a la entidad un equipo en la segunda división con unos sueldos que sólo los petrodólares pueden permitirse.

El Málaga tiene siete partidos para evitar la catástrofe, siete jornadas que decidirán el futuro de un club que no se tiene en pie. Siete finales para evitar ser el club con las mejores instalaciones de la división de plata. Siete semanas en los que se verá si los aficionados malagueños siguen haciéndose fotos con el Pagani Zonda que el hijo del jeque aparca en el Málaga Palacio, o se lían a reventarle los cristales.

P.D. El Málaga no resuelve partidos, esta al borde del descenso y todo pinta hacia lo peor, pero el Málaga no renuncia a su estilo. Lejos de la clase barcelonista y el toque que disfrutan en Villareal, el equipo practica un futbol atractivo y nada especulativo, siempre atacando y tocando como pueden. En una liga donde históricos equipos practican un fútbol mediocres y no juegan a nada (Racing, Sporting, Osasuna, Deportivo y demás aburridos) mantienen la categoría encerrándose atrás, haciendo de sus estadios unos fortines, defendiendo con uñas y dientes y con el pelotazo por bandera, se agradece que, pese a la situación, el Málaga juege al fútbol. ¡Vamos Málaga!

jueves, 7 de abril de 2011

Abran paso

El Barcelona dio un paso de gigante hacia las semifinales de Copa de Europa en un partido que no discurrió por los cauces a los que acostumbra el guión barcelonista. Resultadistas y efectivos como nunca ante un bonito Shakhtar que adoleció las formas que te hacen superar una eliminatoria. Un resultado de oro ante un rival con mucho empaque que mereció mucho más.

La alineación de Keita, en detrimento de Pedro, fue el fiel reflejo del tremendo respeto, donde algunos lo tildaban de falsa modestia, de Guardiola hacia Lucescu. En el minuto dos, Iniesta –disfrazado de delantero- materializó el primero en una jugada típica culé con algo de fortuna en el error al corte de la zaga ucraniana, mermada por la baja de Chygrynskiy. El partido dio paso a un intercambio de golpes donde se puso en evidencia tanto la calidad y la chispa brasileña del ataque soviético como su falta de puntería. Los ataques del pep team se saldaban con Sergio Busquets como central doblando a los delanteros en varias jugadas en el área rival -ADN barça- y los del Shakhtar con un par de manos a manos que Luiz Adriano no materializó tras buenas acciones de Willian y Douglas Costa, a los que suerte que el Barcelona no dejó perfilarse a puerta como ya hicieran en el Coliseo romano. Al Barcelona, que le costó coger la batuta del partido, se le abrió el cielo cuando, en una genialidad de 40 metros de Iniesta –otra vez-, Alves (peleado a cabalgadas con Willian toda la noche) regateó con un toque sutil al fallón portero rival y transformó el segundo minutos antes del descanso.



El brasileño fue más Alves que nunca. Elevado a la máxima potencia, compitió con el extremo izquierdo del Donestsk a carreras de ochenta metros. El brasileño creó tanto peligro en el área rival como en la propia, donde las cogidas de espalda del extremo y dos inocentes pases pudieron cambiar el sino del partido de no ser por la falta de puntería rival. Reflejo como nadie del partido, Alves no se quedó nunca sin pilas en un partido que exigía su mejor versión.


Tras el tercero de Piqué, el Shakhtar se encontró con un gol inesperado. La siguiente acción Messi (más jugador que nunca), con su enésima asistencia de la temporada, sirvió el cuarto en bandeja de plata a un Keita que reventó la escuadra. Lejos de amilanarse y encerrarse en su área, Lucescu sacó a un mediocentro creativo, Fernandinho. El carioca es el eje sobre el que rota el sistema ucraniano. Lesionado toda la temporada, “Furbescu” retiró al encargado de marcar a Xavi buscando más creación. Una apuesta tan arriesgada como digna de un equipo que nunca le perdió la cara al partido. Otra vez más, Luiz Adriano no pudo apuntarse un tanto al estrellarse contra la madera, toda la efectividad del día cayó al mismo lado del tejado. El quinto de Xavi, liberado de su marca, fue excesivo castigo para un equipo que no mereció tanta crueldad futbolística.

El choque, con un resultado tan abultado como posiblemente injusto, evidenció el potencial del Shakhtar, su débil zaga y una delantera tan peligrosa como inocente. Del lado culé, en defensa existe un problema. La solución de Sergio Busquets resta toque y criterio en el centro del campo, y se necesita un central rápido como el beber, veremos que ocurre con Puyol.

El Barcelona pide paso hacia las semifinales, donde el Madrid presumiblemente acudirá también a la cita. Pero mientras que para el Barça será la sexta vez en siete años que llega tan lejos (ganando dos veces), el Madrid se presenta tras estar el mismo tiempo desaparecido de Europa. Los caminos no han sido los mismos, la “remuntada” londinense y el partido de ayer no guardan ningún paralelismo con la placida trayectoria merengue, pero eso es harina de otro costal del que hablaremos a su tiempo.

Antes habrá que viajar a Donetsk, donde hay que superar el trámite en esas gélidas tierras. Y despedirse de Lucescu y del Shakhtar con el reconocimiento que merecen un conjunto que pese a la falta de justicia poética, superó el percal con nota y una actitud tan arriesgada como honrosa. Un digno y buen rival con el que el destino fue cruel. El equipazo de Ucrania venía años avisando, este año han dado el do de pecho, apuntaban muy muy alto pero se han topado con el Barcelona. El año que viene darán más guerra, y seguro que Guardiola no tendrá volver a jugar a “Caperucita y el lobo”.

PD En TV3, la "televisió catalanista bromista" se quedaron a cuadros tras la frialdad de guardiola en la entrevista tras el partido. Luego le encontraron la explicación. Evidentemente a Pep no le hizo ninguna gracia que se ningunease y bromease con los videos de la entrega del balon de chocolate a Chygrynskiy (ya denunciadas en este blog), los periorrisas y sus cosas... Bien merecido se lo tienen.

miércoles, 6 de abril de 2011

Alfombra roja en el Bernabéu

Pep Guardiola, director psicológico del Barcelona y el barcelonismo, llamó ayer al pesimismo alertando del peligro de la eliminatoria. “No tengo buenas sensaciones”, dijo. Llamada de atención al estilo Cruyff que puede llegar a tiempo.

El técnico recalcó que al Barcelona le cuesta mucho más ganar los partidos, remarcó el peligro de la eliminatoria y ensalzó las virtudes del rival y de su técnico, “Furbescu” (de fútbol, nada peyorativo) a la vez que defendió a Chygrynskiy (su apuesta personal del que ya hablamos aquí) de las bromas continuadas a las que se ve sometido por su nombre y la situación de la pasada temporada.

Si bien algún retrasado mental, quiso hacerse el graciosillo delante de las cámaras de televisión regalándole al central un balón de oro de chocolate “como el de Messi”, dijo el asno, no estaría de más que Dmitro se saliese esta noche y demostrase a los ingratos seguidores catalanes lo que es un central, de esos que estas semanas no rula por camp Barca. Uno estaría frito de que, en estos tiempos en los que la guillotina y los fusilamientos no casa bién con esas escenas de familias que van a los campos de fútbol con pancartas para que los presentadores de televisión les saquen (que original) al mediodía -“Manolos de cuatro os cambio a mi novia por un bocadillo”, que cachondo eres tío-, le diese el Shakhtar un buen susto esta noche a semejante imbécil. Personajes al que ,si uno lo encontrase en un apuro, digamos por ejemplo una situación que requiriese de atención mécida y ambulancia rápida, le iba a ofrecer su ayuda Bruce Arper, o en su defecto su puta madre, con ayuda de Rita la cantaora. "No puedo llamar a urgencias tio, a este móvil no le dura tanto la batería como al de Messi”, le diría. Y ancha es Castilla.

A kilómetros del hotel con el balón de chocolate, la eliminatoria del Madrid y el Tottenham se solucionó en quince minutos. Los que tardaron las pocas luces del “espárrago” y el poco criterio del árbitro en cargarse una eliminatoria que parecía prometer. Si bien desde la meseta pusieron el grito en el cielo con la expulsión de Van Persia (minuto 65 del partido de vuelta de la eliminatoria por perder tiempo tras provocar al árbitro por perdonarle antes la expulsión), hoy nadie conoce el nombre del árbitro que, aprovechándose de la falta de luces del idiota de Crouch y el tackle sobre Marcelo con una muy rigurosa decisión del colegiado decantó la eliminatoria en el minuto 15 del partido de ida.



Una pena, en una competición donde el Madrid no se ha visto exigido por ninguno de los rivales con la escasa calidad a la que se ha enfrentado, al club le pusieron la alfombra roja camino a la semifinal para que los aficionados no pudiésemos disfrutar con un ya mérmado Tottenham. Al que la baja de Lennon en el calentamiento supuso un quebradero de cabeza que su entrenador solucionó mal desde el principio hasta poco antes de la expulsión. Los sarcásticos cánticos de la grada “Así, así, así gana el Madrid” denotaron la ya típica excitación momentánea que se vive en Chamartín cada vez que ganan, esta vez no se cortaron un pelo aunque se tratase de un partido de alfombra roja. En Valdebebas se ven campeones, casi sin ser exigidos por nadie.

El Barcelona se la juega esta noche, las palabras del técnico, el rival, la remontada frente al Arsenal y las ganas de quitar de en medio a un efusivo Madrid que ha llegado a semis tras un camino de rosas deberían arengar lo suficientemente al Barcelona. Esta noche sí debería ser una gran noche de Champions. Esperemos que el árbitro no se la cargue a los diez minutos.

lunes, 4 de abril de 2011

Que cominece el Show

Empieza lo serio, con la liga en un segundo plano y la explosiva final de copa como catalizador moral para partidos venideros, tenemos la Copa de Europa. El torneo por antonomasia del viejo continente. A priori no parecería que los españoles se hayan encontrado con dos huesos, pero las apariencias engañan.



Los de Concha Espina, heridos y apaleados en una liga que no esperaban perderla por estas fechas, se verán las caras con el Tottenham, uno de los grandes del norte de Londres (esa pequeña parcela británica donde sí se le da importancia al centro del campo). Viniendo con el cartel colgado de equipo-premier parece mucho más peligroso de lo que realmente es.


Novatos en la competición, los Spurs aspiran a grande en Inglaterra, y están en un buen momento para presentar sus credenciales en el viejo continente. Empezando la casa por el tejado. Van der Vaart, Crouch y Roman Pavlychenko pueden dar el golpe en cualquier momento. De ayudarles se encargarán por las bandas. El equipo más rápido del mundo pegado a la linea, tanto el galés Gareth Bale como el velocista de ascendencia jamaicana Aaron Lennon son dos flechas dispuestas a revolucionar los laterales del verde. Pero tras el telón mediático de Bale la verdadera clave de este Tottenham esta en el centro del campo. Luca Modric, croata reivindicado en la pasada Eurocopa, maneja con su batuta el compás al que baila este equipo. Y no estaría de más poder verle con su paisano Kranjcar, otro croata de sobrada calidad. De atrás cojean, y mucho, a la destartalada defensa habrá que sumarle la baja de ayer de Hutton. No obstante Harry Redknapp, ese viejo británico que parece dibujado por un creador del Maniac Mansión, sabe a lo que juega, donde y con quién se las ve, asi que ojo.


Ya lo dice Osvaldo Ardiles, el antiguo spur al que los giris defendían al grito de "¡Argentina!" en plena guerra de las Malvinas por los campos de la antigua Britannia y que conoce de sobra el club, el Madrid parte como favorito, que duda cabe, pero que no se confíe. Los de White Hart Lane tampoco son el Lyon, pero el Madrid puede verse en semifinales sin hacer gran cosa.

En otros lares compiten el Barcelona y el Shakhtar, este sí es un rival difícil. Jodidos como nadie, compensan la dureza y la frialdad soviética de la zaga con la calidad y la magia brasileña en punta. Un viejo conocido por el que en camp barça suspiran en tiempos de defensas postizos no lo pondrá facil desde la retaguardia. Todo liderado por Mircea Lucescu, un perro viejo (y herido) que se las sabe todas. Si bien ya nos lo pusieron difícil en la Supercopa de Europa, el Barcelona ha salido con cierta ventaja de estos enfrentamientos. Pero no es para fiarse, este Shakhtar esta mejor que nunca, dirigidos por una fortuna multimillonaria y con una base deportiva sólida y con proyección (al estilo de la del FCB), monopolizan las viejas tierras ucranianas donde el Dinamo de Kiev se paseaba triunfante no hace mucho.


Precisamente no olvidamos aquellas noches de demonios soviéticos, el Dinamo de Kiev, donde un jovencísimo Schevchenko de la mano de su frío amigo Rebrov, congeló el Camp Nou en una de las noches más inesperadas de la vieja orejona. ¡Cuidado que vienen los soviets!


Dos encuentros apasionantes donde se empiezan a equiparar las fuerzas, más en un caso que en otro. Pero aquí no hay favoritos, y puede pasar de todo. Claro que esto es la Copa de Europa, fútbol de verdad, del jodido. Pasen, vean y disfruten con el espectáculo.

domingo, 3 de abril de 2011

Cuestión de estilo, que no de estilos.

Ayer tarde, el día del homenaje a Ronaldo (el bueno, el que antes de fichar por los blancos llamó para ofrecerse a Gaspar pero Van Gaal, en uno de sus arrebatos, no lo quiso), el Madrid renunció a la Liga en su casa, con su público, ante un equipo que lucha por no descender y que no hace mucho campó durante una década por la segunda división. Lo peor es que no sólo resultó una renuncia del título; una vez más, los blancos, bajo la autoritaria figura de su entrenador, renunciaron a su estilo.



Hasta el punto de que en el segundo anfiteatro se preguntaban si estaban viendo al West Ham o al Catania. Tras la esperpéntica demostración de estrategia y estilo con jugadores desordenados y feísimos pelotazos, su alabado entrenador se escudó en la falta de cratividad y suerte del contrario. Faltó creatividad en lo que tardó en acercar a los extremos a Granero, y a partir de que sentó a éste, porque la apuesta por Lass y Khedira (dos mediocres mediocentros) es clara desde principios de temporada. La suerte del contrario guarda un paradójico paralelismo con la misma que pudo tener él (si a los árbitros los encasillamos en el mundo del azar) en abril del año pasado. La diferencia es que mientras el FCB nunca renunció a su estilo (donde el que no baje la pelota y la toque rápido es un hereje) este Madrid es otro cantar. El desarbolado Madrid cambió hasta el dibujo, el dibujo de sus jugadores sobre el campo donde cambiar algo puede resultar faltal; si bien en barcelona el dibujo se toca como venga en gana puesto que esta subordinado a una filosofía y un ADN de hierro en el que que poco influye la distribución de jugadores en el campo.

Hace año y medio, aterrizó de nuevo el presidente de la gran constructora (nuestro amigo Hans) con otra pila de millones para regalar y promesas de grandeza. Si bién el mismo personaje propició la autodestrucción del club en el momento en que vendió a Makelele, Redondo y al ahora campeón del mundo seleccionador español por, digámoslo sutílmente, old fashioned; llegó con el madridismo rendido a sus pies. La modernización del club, su españolización y el ponerse a la altura de un Barcelona apoteósico fueron sus promesas de turno.

El año pasado, tras una inversión de 300 millones y un “annus horribilis” se quedaron en blanco. No en vano como en tiempos desérticos todo son espejismos, la alegría y la expectación vinieron de la mano de los nuevos reyes magos, esta vez personificados en, el según ellos mismos, “mejor entrenador del mundo”.

Tengo mis dudas si, como Diego Torres afirma en su crónica del partido en “EL PAÍS”, lo trajeron por su racha de imbatibilidad como local o por su heroica gesta de eliminar al todopoderoso Barcelona de la final del Bernabéu. Recapitulemos, tras el paso del volcán Eyfjaluya, dos días de viaje en bus y un arbitraje de juzgado de guardia. El Inter embotellado cual tortuga con la cabeza dentro del caparazón no fue capaz, y repito no fue capaz, de aguantarle dos goles al Barcelona. Solo la última decisión de anular un gol legal a Bojan propició la heroicidad del portugués, lo que incita a un momento de reflexión madridista, de esos que no tienen hace mucho.



Tras la puesta del club en manos de este personaje, la total desespañolización (como la triste situación de las dos emergentes promesas Pedro León y Granero), el aumento considerable de enemigos entre las demás instituciones (no solo nacionales) y la renuncia total al estilo que se le presupone al Madrid de las nueve copas de Europa. Al Madrid solo le quedan las copas, que no es poco. La situación a llevado a que para ganarlas solo les quede la furia, la misma furia con que la selección española se comió una mierda durante cien años, hasta que abanderada por el Barcelona, el fútbol de toque nos hizo campeones del mundo.

Una copa salvaría el desastre, los cuatrocientos millones invertidos, el señorío y el estilo que han dejado moribundos en la cuneta el día que los tiraron por la borda pasarían a un segundo plano si consiguen otra copa para la salita de trofeos. Muchos no estarían contentos, pero una gran mayoría sí, la misma que sigue creyendo a Cristiano y a Mourinho como los mejores en su sitio, nada más lejos de la realidad.

No olvidemos también que el modo en que se consiguen los títulos también influye. Que se lo pregunten sino a Guardiola, y a Mourinho.

La excepción que confirma la regla


Para desgracia de nuestro “querido” president, ayer se volvió a confirmar aquello de “por la boca muere el pez”. Desde aquellos míticos comentarios de Salihamidzic en la previa de una vibrante noche de Champions contra los galácticos se han dado numerosas meteduras de pata, y se seguirán dando.



El aguerrido Sporting de Preciado, al que Mourinho criticó por tirar el partido contra el Barcelona allá por ese otoño de bonanza madridista previo a la tormenta invernal que poco después les pillaría de sopetón, se cargó la racha del portugués de nueve años sin perder en casa. Perder no es ganar, y no perder se puede hacer de muchas maneras, lo que matiza el valor de tal racha.

A kilómetros de allí, y solo unas horas después el Barcelona solventó una complicada salida repleta de bajas en donde lo mejor (con permiso de Mascherano) fueron las tajantes paradas de Victor Valdés y las sinuosas curvas de las parábolas de las faltas que nos regala Messi y los zigzagueantes movimientos de los tobillos de Thiago, ese artista que regatea sin balón al compas de los “ooooh” de la grada.

Matemáticamente la liga no esta decidida, pero psicológica y objetivamente sí, en un campeonato sin interés donde lo más interesante es el duelo directo entre los dos ricos, el clásico a pasado a ser un trámite en esta competición. En Madrid se van de copas, dicen ellos. Pero las noches de marcha son peligrosas, hay que tener cuidado con quién tropiezas, y en Barcelona también se van de juerga.


Suerte que en Sant Joan Despí trabajan y callan para que, hablando con la pelota, consigan que las perlas del presidente se conviertan en la excepción que confirma la regla. La misma que esta tarde se ha vuelto a cumplir.

sábado, 2 de abril de 2011

Alarmismo generalizado

Saltaron las alarmas en un tercio de la población, el porcentaje que se presume seguidor barcelonista en la piel de toro. Guardiola, en una entrevista a la Rai haciendo alarde de su dominio de las lenguas babilónicas, confesó que siente estar más cerca del final de su ciclo en el Barcelona, cansado de los mismos periodistas, las mismas preguntas, y poco más.


Pocos motivos parecen esconderse detrás de esta reflexión. Las mismas palabras que llevaba repitiendo el técnico en las rutinarias ruedas de prensa de Sant Joan Despí pero en otra lengua, país y contexto han hecho saltar las alarmas en todos los sectores. Los seguidores y sus escasas neuronas han puesto el grito en el cielo y los más animados le reciben en aeropuertos y estaciones de tren al grito de “Guardiola quédate” mientras la prensa nacional, ávida de carroña y ganas de quitar al elemento que les amarga cada año deportivamente han saltado al cuello, meter miedo y aprovecharse de estos (no olvidemos) no nuevos comentarios.

Guardiola, amigo de las renovaciones cada seis meses y los contratos cortos (como buen catalán es necesario un aumento de sueldo progresivo y exponencial cada cierto tiempo), quizás haya soltado esto último en un alarde de sinceridad y complicidad con los seguidores del Brescia (a los que iba dirigida esta entrevista), si bién no hace poco dedico no menos halagos al Athletic Club de Bilbao, afirmando que le encantaría entrenar a esta institución; o quizás lo ha hecho en un ataque directo a Sandro Rosell, ese president con sonrisa Trident que en una frase lapidó todo el trabajo de prudencia que cultivan en camp barca durante tres años.

En cualquier caso, Guardiola es un fantástico entrenador que ha sabido tanto explotar a la enésima potencia la herencia futbolística de Johan Cruyff (el verdadero germen sobre el que se gestó el ADN Barça) como mantener la motivación de todos los jugadores tras un año que se pasó del fracaso absoluto a la mayor gesta deportiva de un equipo en la historia, el Sextete.

Cuesta creer que Pep Guardiola, en un Barcelona que se supera día a día (las estadisticas en todos los aspectos superan cada año al anterior) se vea fuera del Barcelona a corto plazo. Si bien es cierto que no es tonto y no aguantará más de lo debido para echar por la borda todo el trabajo. En tal caso no sería tan grave un cambio de aires. El Barcelona es un Rolls-royce que no cualquier chófer puede conducir, pero Pep no es el único conductor. La creatividad ya la puso Johan hace 20 años y Luis Enrique maneja el timón del filial a ritmo de crucero como nadie.

Pero no hay motivos para alarmas. Para los más temerosos, recordemos que varios jugadores ya han mostrado su intención de poder marcharse oteando nuevos retos y cambios de aire, pero el viento siempre sopla en una dirección, la del mejor equipo del mundo.


 
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