miércoles, 26 de abril de 2017

Porque Diós así lo quiso

Cartel Jalisco Nueva Generacíón 2-3 Fútbol Club Barcelona. Liga, jornada 33.


No hace mucho, un Barcelona que alineaba una excelsa retaguardia, defendía con la posesión del balón. Hoy día, cargando una cogida con pinzas, no son capaces ni de guardárselo durante un prudente espacio de tiempo porque la junta y la dirección técnica desarbolaron progresivamente una idea de juego del que ha quedado Messi como guardián de la última esencia. No es poco tiempo el que lleva haciendo de Xavi, muchos días, e Iniesta, algunos más. El día que toque hacer el trabajo de Busquets, será Bekembauer. Y ayer, haciendo de todos y de él mismo, arrasó por enésima vez el campo que mejor se le da dejando tras de sí una serie de cadáveres futbolísticos a su paso.

No se empezó cómodo con el esperpento. En los primeros compases, el Barcelona no tocó balón. Después, Messi ordenó al equipo, decidió a qué ritmo iba a jugarse y los 21 comparecientes tuvieron que adaptarse a su libreto. Messi, algo de Roberto y un poquito de Busquets es todo lo que podía ofrecer el Barcelona. Suficiente para dominar a un Madrid abocado al contragolpe. Pasado el cuarto de hora, un codazo criminal a cinco metros del línea tumbó a la bestia. El primer gol local lo vio con un trapo empapado en sangre. Ahí ya había dejado en evidencia a su marcador un par de veces. Y, culminando una combinación magistral, igualó el marcador con un recorte y definición marcas de la casa. Incapaces los delanteros, la vuelta del impasse trajo un intercambio de golpes donde Zidane tuvo que ordenar sus piezas en aras de un más que probable sacrificio del medio del Madrid que todos veíamos venir. En estas, Rakítico, desaparecido toda la temporada, soltó un trallazo a la escuadra que inclinó el campo algo a nuestro favor. El partido siguió discurriendo por los cauces habituales hasta que Canelita, indigente mental que acumulaba dos expulsiones en los últimos tres años contra nosotros, cazó a Messi con ambos pies por delante. El argentino se cobraba su tercera víctima. Pero con la expulsión vino un cambio de guión. El Barcelona no está dirigido por Mourinho, Helenio Herrera, Trappatoni o Allegri. Y por lo tanto no es que se defienda como Sergey Karjakin. Está dirigido por Lucho, con todo lo que esto conlleva. Y lo que vino fueron un aluvión que, pese a la superioridad numérica, el equipo no supo paliar. Sólo Messi, otra vez, volviendo locos a Kroos y Modric, daba un respiro al Barsa. Entre medias, Piqué tuvo una clarísima y Ter Stanton se volvió a hacer enorme. Pero el Madrid obtuvo premio y James igualó el marcador a pocos minutos del final.

Con medio mundo pensado en una liga decidida, al argentino parecía que todavía le quedaba algo que decir. Como si no pudiese perder este partido. No sería ayer. Sergi Roberto, que empieza a disfrutar de la épica, sajó el campo de arriba abajo con una carrera bestial y en una combinación ayudada por un bloqueo del perro -su única buena acción de la noche-, Messi reventó la liga y enmudeció al Bernabéu. Cómo los mejores ajedrecistas, Messi, una suerte de Bobby Fischer que ha combinado el regate más explosivo, la mejor definición, el mayor talento y la mente futbolística más brillante de la historia, se anticipó en sus dos goles 30 segundos al resto del mundo. En ambas acciones, repasadas con atención, se observa cómo el astro va siguiendo la jugada, leyéndola, sin hacer casi un movimiento, como un depredador acechando a su presa, para siempre acabar apareciendo en el lugar exacto. Anoche, tras otra noche de caza, consumó su racha de celebraciones épicas y dejó otra foto para la eternidad, llevándose a casa un partido que todos sabemos que le pertenecía. Fue la enésima exhibición del mejor del mundo, el más grande de siempre.   



XI: Ter Stanton; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti; Alba.; Busquets, Iniesta, Rakítico; Messi, Suárez, Alcácer.

Goles: Messi, Rakítico, Messi.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Sin el todo, la nada

Bolivia 2-0 Argentina. Clasificatorio de la Conmebol, Primera Fase


Argentina, en otra demostración de lo que es sin el mejor jugador del planeta, pereció ante Bolivia rematando un día que puede marcar de forma definitiva su participación en la próxima copa del mundo. Sin Messi, la albiceleste sólo pudo sacar 7 puntos de 24 en los clasificatorios; con él, 30 de 33. Una dura realidad para los que menosprecian el aporte del diez en su selección, del que dicen cuenta con un "equipazo” cuando se habla del papel que aporta Messi a ésta.

Una tarde que comenzó con el anunció de la sanción a Messi por parte de la Fifa horas antes del encuentro en La Paz. Una sanción injusta se mire por donde se mire, apoyada en una denuncia de todavía se está buscando quién, apoyada en un video del diario La Nación, y tras la negativa del colectivo arbitral ante la pregunta de si creyeron que el capitán los estaba insultando u ofendiendo. Una sanción sin precedentes y, a toda vista, prejuiciosa. Algunos dicen amparada en la negativa de Messi a asistir a la gala de la Fifa, otros a las malas relaciones institucionales que mantienen la AFA (desgobernada tras el fallecimiento de Grondona) y el organismo internacional. A pesar de ello, no faltaron los tontos de turno (madridistas y antimessis del cono sur en su mayoría) que justificaban la sanción per se. Como si cualquier dictamen fuera válido o justo sólo por el mero hecho de emitirse por un organismo legal. Amén de que el razonamiento completamente opuesto es igual de ridículo.

Pero sin duda, la noche puso de relieve lo que muchos apreciaron tras la tercera final consecutiva de esta generación. Que la hazaña de Messi con el combinado es la mayor hazaña de su carrera y puede que la mayor gesta de este deporte. Algunos que vienen siguiendo esta trayectoria así lo creen. Tres finales que se pudieron haber quedado en casa de no ser por la tripleta de fallos de Higuaín (uno por final) y dos fatídicas tandas de penales. Todo con un centro del campo Mascherano-Biglia, unos laterales como Zabaleta y Rojo, Demichelis de central y dos entrenadores diferentes. Todo ello soportando por cada final perdida aún más presión en el país donde el fútbol es ya en sí un hervidero sociocultural sin parangón. Si hubiera marcado Higuaín la del mundial, Argentina tendría un mundial y dos copas américas, es decir, lo que hizo España con una generación irrepetible, una idea clara e indiscutible de juego, un par de muy buenos entrenadores y un elenco de jugadores que, para resaltar su calidad, sólo las figuras de los xaviniestas destacaban un poco por encima del resto. Argentina no tiene ni de lejos nada que se acerque a eso, aún así, Messi los llevó hasta la cima las tres veces. Pero como Sísifo, cayeron las tres. Pero algunos niegan esta realidad acordándose de Maradona. Pero sabemos que también reparan -aunque no lo digan- en que él tuvo que apoyarse en los compañeros no sólo para ganar la final del mundial 86, sino que no anotó ni un solo gol en Italia 90, donde cayeron subcampeones. Amén de que nunca ganó una Copa América. Pero poco importa, porque en mentes vacías no queda espacio para la reflexión.

Suerte que la noche se arregló con las declaraciones de Piqué. Retrató a Marta Silva y la disparidad de trato que reciben ante la misma justicia, que además calienta asiento en el palco de concha Espina, madridistas y barcelonistas. Y es que de esta señora no teníamos noticias desde que desapareció del panorama público cuando Football Leaks encontró los, ¡ojo!, 150M€ que la señorita de Madeira tenía ocultos pero de los que ahora ni los mass media ni Hacienda quieren saber más. El mismo madridismo que acude al socorro de un iletrado de épica como Canelita, que es como cuando Trevor Bervick quiso enfrentar a Mike Tyson, algo vergonzosamente descompensado. Ahora, el madridismo random se rasga las vestiduras por unas declaraciones tan obvias como hirientes. Y es que a nadie se le escapa que hay que ser subnormal para querer empañar una remontada de seis goles cuando a ti te regalaron el único que pudiste marcar en una final de Copaeuropa y vas por el mismo camino para ganar tu segunda competición nacional en nueve años. Y es que la verdad, sobre todo cuando te pone ante el espejo, duele.


PD Denunciar estas miserias del madridismo no está mal, lo que está mal es acusar al contrario sin prueba alguna de doparse, y luego esconderse. Como la rata que eres.

jueves, 9 de marzo de 2017

La vida es sueño


Barcelona 6-1 PSG. Copa de Europa, vuelta de octavos de final.




El Barcelona, en la noche más épica, escribió el capítulo más emotivo de la historia de la Copa de Europa al remontar lo imposible ante el PSG. Decía Luis Enrique en la previa que creía en los seis goles. Cualquier barcelonista pensaba que cuatro podrían ser, que cabía esa posibilidad, pero los seis no entraban en el imaginario colectivo. Sí lo creyó el equipo, lo creyó Luisito, cayéndose a plomo cuantas veces hicieron falta, y lo creyó por encima de nadie Da Silva, que entró para siempre en el imaginario culé, de donde no se sale nunca. El Barcelona de las remontadas que empezó con el hat-trick del Pichi Alonso ante el Goteborg, certificó su naturaleza con las ligas en Tenerife y le dio al equipo que tiranizó la década su gesta el día de la hazaña de Messi ante el Milan, obró el milagro del siglo. Lo que nunca nadie hizo, remontar un 4-0,y contra un firme candidato al título. Lo que parece una gesta irrepetible, al menos la más grande que hemos visto hasta hoy, y que se cerró gracias a mantras tan prosaicos pero tan ciertos como el “no dejar de creer” o “seguir luchando hasta el final”.

No pudieron comenzar mejor las cosas en el Estadi. El PSG compareció acongojado, un invento que sólo puede hacer el barsa. A los tres minutos, el Perro, que siempre pelea como si tuviera la última de su vida, cazó una carambola que dinamitó la poca confianza con la que habían venido los parisinos. La remontada era más que posible, y se transmutó después en probabilidad con una torpeza en propia puerta que nos puso dos a cero. Nada más volver del impasse del descanso, D10S transformó un penal que disparó toda euforia pero Cavani, en la jugada más tonta de la noche, jarreó el campo con una ducha de agua fría que hizo parecer orillar al Barcelona. Pero creyeron. Creyó Mascherano, cuya impecable noche remachó con una salvada a Di Maria como la que le sacó a Bendtner la remontada al Arsenal que inició el camino a Wembley. Un Mascherano que, por cierto, nunca estuvo presente en los dos puntos negros de la historia reciente del club: Munich y París. Pero creyó también Ter Stegen, que salvó lo imposible y nos dio la vida en el descuento robando un balón en la media tras subir a rematar. Creyó Messi, que con una marcha menos estuvo acertado en todas las decisiones, ordenó al equipo en la frontal y la tocó siempre con quién se le ofrecía. Encajó el penal y siguió empujando y temporizando pese a que se veía con una velocidad de menos. Y creyó Da Silva. Creyó nada más salir de Paris. Se hizo grande en la noche más grande y nos llevó al cielo a todos. Una falta impecable, un penal con una personalidad sólo al alcance de los elegidos y una pausa para la historia antes de poner la última con la izquierda. Da Silva, macho, que pese a fracasear en un alto porcentaje de partidos para un eminent world class como él, no ha fallado en ningún partido grande. Da Silva nos hizo creer.

Se llevó el premio Roberto. Profesional como pocos que lleva dos años sin un pero instalado en un sitio que no es suyo por la mala planificación deportiva. Se ganó nuestro perdón Luis Enrique, que arriesgó con todo en un cruyffista 3-4-3 que demuestra que lo original suele salir bien. Devolvió con creces todas las boutades de este año y creó inteligentemente un entorno para creer en lo imposible. La gesta más grande este deporte se vivió anoche, 8 de marzo de 2017, al este del ensanche de Barcelona. La carrera desbocada de Lucho, la celebración de GOAT subido a la valla con la gente, la solitaria celebración de Ter Stanton, la felicidad de cuatro exfutbolistas británicos en un plató de televisión y las lágrimas de emoción de los que lo vivieron desde dentro. No vio este deporte cosa igual. El Fútbol Club Barcelona compartió su noche más grande para que el planeta tierra no viera sólo cuál es el mejor equipo del mundo, sino que en la vida, siempre, siempre, hay que seguir creyendo que, hasta el final, todo es posible. La vida, como dijo Calderón de la Barca, es sueño.

XI: Ter Stegen; Mascherano, Piqué, Umtiti; Busquets, Sergi Roberto, Rakitic, Rafinha; Messi, Luisito, Neymar.
Goles: Luisito, Kurzawa (pp), Messi, Neymar, Neymar, Sergi Roberto.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Contracultural

Barcelona 1-1 La Camorra. Liga, jornada 14.



Unos días tras el duelo en el que Carlsen y Kariakin se medían por un puesto en el Olimpo del ajedrez y exactamente una semana después del fallecimiento del Comandante Fidel (gran estratega y ajedrecista, por cierto), vimos paradójicamente cómo dos de los entrenadores menor dotados tácticamente de nuestra liga se batían en uno de los peores duelos de los últimos años. No es que Lucho sea tan mal táctico, de hecho, personalmente no lo considero un mal técnico; pero perecer en los dos embites ante el peor entrenador del gremio empieza a tener su miga. Un entrenador francés cuyas mayores declaraciones tácticas han sido: "nos falto meteg la pierna un poquito más, sabes" o "tenemos que ir todos a la una, sabes". 

El partido, un auténtico tedio durante los primeros cuarenta y cinco minutos, se saldó con una medio ocasión visitante y una estéril posesión local. Tras la pausa, el perro acertó un centro acomodado por Fracasinho y la función se convirtió en monólogo culé. El partido pudo haberse cerrado con un par de ocasiones que fallaron por la mínima el propio Da Silva y D10S. Pero mientras que al argentino se le aparecieron los fantasmas de la final de Maracaná (el peor momento en la vida del que suscribe), el brasileño, que no tiene ya perdón de dios, se empeño en seguir jodiéndonos por los restos. Tras esto, entró en escena otro flamante fichaje del rosellismo más rancio (de una gestora al servicio de Nobita, para más verguenza), el salafista de Ardando Turán, al que no se le ocurrió otra que darle un viaje a un rival que corría hacia su propia portería. Ya era noche cerrada en el Estadi.

El siniestro de ayer sirve para extraer diversas lecturas de la actualidad blaugrana. Primero, Fracasinho, cuya involución y sus casi 29 años-jugador-brasileño lo sitúan ya lejos de su mejor momento como culé y es momento de buscarle una digna y suculenta salida rumbo al Elíseo. Después, Trucho, incapaz y acomplejado en sus decisiones, cuyos hechos nos confirman que fue un excelente entrenador de transición pero que su rol como piedra angular de cualquier modelo que haya a día de hoy es inexistente. Que traicionó su propia fórmula que le llevó a ganar seis títulos de ocho: no tocar nada de un once que funcionaba. Ayer quitó a Rakítico cuanta más falta hacía y sacó a Gòmes cuando era imprescindible un hombre alto para achicar balones. Por otra parte, los ilustrísimos indeseables de Roberto Fernández y esta junta de delincuentes, incapaces de acompañar a Messi de jugadores que le complementen y rodearle convenientemente. Señalados en cualquier fichaje que hayan realizado estos últimos años excepto Luisito y ya veremos si Umtiti. Por trabajar desde la mediocridad y envilecidos por el odio y la tirria que le tienen a la Santísima Trinidad -Cruyff, Laporta y Guardiola-. Que huyeron como las ratas que son del modelo que nos hizo los mejores de la historia y han dejado un equipo sin una idea y una cantera totalmente desmantelada. Porque ver a André Gòmes conduciendo el balón como pollo sin cabeza siendo incapaz de tirar dos pases es algo contracultural en un club que vivió triangulando con los xaviniestas. Pero también es menester hoy día recordar al sesenta por ciento de la masa social con representatividad, subnormales que dieron democráticamente su confianza a esta junta de sátrapas y que son responsables directos de este esperpento que está desperdiciando los mejores años en la carrera profesional de Messi.

Caben hacerse también ciertas preguntas pertinentes. ¿Por qué si desde la directiva sólo escuchamos loas a Casper no se han fichado jugadores de su corte estos años? ¿Por qué, si Trucho va a tirar una liga, nos hace sufrir viendo jugar a Ardando Turán y Gomes en vez de Aleñá y otros capaces canteranos?. ¿Qué pasó con Grimaldo, vendido al Benfica por un millón de machacantes y pretendido por 30 por el City, y en qué lo mejora Digne?. ¿Por qué hay sobre exceso de interiores incapaces de interpretar el modelo y no hay un sólo lateral derecho en la plantilla? ¿Por qué Fracasinho se resbala como un imbécil el 32,5% de los partidos? Muchas respuestas a estos interrogantes se encuentran en la indigencia mental y/o la escasa catadura moral de los propios sujetos, pero otras son toda una incógnita.

A día de hoy, se antoja imprescindible recuperar terreno en una liga que se capitaliza como la competición más importante. El trofeo más justo, exigente, meritorio y difícil. Cierto es que no tiene el encanto ni el aura que otorgan su homónimo continental, pero es la competición más alejada de favoritivos, suertes y carambolas. Para ello, no queda otra que rezar para que las lesiones nos respeten, naturalizar el once titular y que todo se ordene alrededor de los que mamaron bien un modelo del que sólo quedan rémoras e individualidades que lo interpretan hoy día. Porque esperar otra cosa sería pecar de una inmerecida ilusión.

XI: Ter Stegen; Roberto, Piqué, Mascherano, Alba; Busquets, Rakitic, Gomes; Messi, Luisito, Fracasinho.
Goles: Luisito.

PD Los pistoleros de cristo rey, que manejan la liga a su antojo con sus horarios para cantoneses, y los comegambas de Sanchez Arminio y su comité arbitral, quedaron otra vez en evidencia con su silencio tras el deplorable gesto del despojo social de Carvajal semanas después del partido en Mestalla, algo que a pesar de su insistencia no deja de molestar. Pero también es siempre plato de buen gusto constatar el hecho de que la camorra siga celebrando como títulos, con fotos de dudoso gusto, el empatarnos en las postrimerías de la pachanga de ayer y ver que, pese a todo lo que venimos sufriendo por nuestras propias incapacidades, se siguen sintiendo unos auténticos segundones.

jueves, 14 de abril de 2016

A verlas venir

Atlético 2-0 Barcelona. Copa de Europa, vuelta de cuartos de final

Foto: Miguel Ruíz

El Atlético mantiene vivo el encanto de la Copa de Europa. Reza la maldición que ningún equipo campeona dos veces seguidas desde que se implantó el nuevo formato, y el Barcelona, equipo que más veces ha estado cerca de la machada, se encontró con sus demonios justo en el peor momento. La pasada década, el club se sacudió los complejos el día que a lomos de un incipiente Messi derrotaron a su bestia negra: el Chelsea de Mourinho. Desde ese momento la hegemonía europea del club ha sido incontestable. Pero este año, precisamente el que era el favorito de todas las apuestas, volvió a caer ante los de Simeone por segunda vez en tres años.

Es el del Cholo un equipo con mayúsculas. Mamó éste fútbol italiano como notable jugador y luego como estudioso de los técnicos que perfeccionaron su estilo. Un estilo correoso contra el que, como ya dijo Cruyff, no pueden ganar, pero puedes perder contra ellos. Simeone sumó a esa táctica un relato: la pasional comunión que mantiene con la hinchada. Y a ésta sumó a unos jugadores que van con él hasta la muerte. Un plus de competividad que ya de por sí era enorme en equipos como el Inter de Mourinho, que son precisamente los que mejor contrarrestan nuestro juego. Y ante esto nos enfrentábamos ayer ni más ni menos. Un plantel que es menos plantilla pero más bloque que nosotros. Pero al que habíamos ganado las últimas diez veces y teníamos una ventaja de 2-1 en la ida, que no era poca cosa.

Por nuestra parte, el Barcelona encontró su punto de inflexión en el reciente clásico. La derrota tiene mil caras y cada cual encontrará explicaciones coherentes allá donde las busque. El parón de selecciones aturdió a la delantera pero bien es cierto que ésta no venía siendo la misma semanas atrás. Pero el Barcelona, que siempre ganó siendo superior y yendo a por todas, salió templado a un clásico que acabó dando vida al Maligno y mermando la confianza propia. Así encaró esta eliminatoria, a verlas venir. Y el Barcelona no ganó nunca una mierda cuando jugó de tal modo, y eso es responsabilidad de un Lucho ahora parece sin respuesta. Bien se le podría echar la culpa al Mundialito, a las giras de la pretemporada y a los picos de preparación física. Se rumorea también en los mentideros que Messi acarreaba una lesión física (que parece evidente) e incluso alguno desliza rumores sobre una dolencia coronaria, que visto lo indescifrable que es el marciano, qué sé yo, puede que nunca sepamos. Tampoco esto sería justificación para el resto de una plantilla acostumbrada a vivir bajo el paraguas del argentino. El drama fue que aparecieron otra vez los vendemessis, que salieron de la cuevas como ya hicieran en 2014 para volver a meterse poco después…Y es que no sabemos a cuento de qué no se pronuncian sobre un triste Da Silva que volvío a ser lo que vino siendo antaño. Un zopenco que cada equis partidos se tira todo el rato resbalándose como si estuviera en una pista de patinaje sobre hielo y precisamente escogió anoche para mostrarnos sus habilidades. También encontrarán cobijo los que critican la gestión de los cambios. Ahí queda para la hemeroteca el papelón de Ardando Turán y Sergi Roberto, ídolo de masas. Pero todo son conjeturas. Al final, el fútbol es un deporte, el más igualado de todos, y perder entra dentro de la posibilidad. Pero contra nosotros, la posibilidad es que a once tíos colgados de un larguero se les dé el día de su vida y se les alineen todos los planetas. Yo, personalmente, creo que se perdió el concepto básico, el libreto bajó el que sobrevivieron unos xaviniestas condenados al Milan hasta que se descubrió la pólvora: el "dásela a Messi, y que invente", por muy mal que esté, que algo sale. Anoche, como si un partido de Argentina se tratase, Messi no fue muchas veces la primera opción.

Se antoja difícil el final de temporada. Ahora veremos si la cabeza les da para levantar un doblete que marcaría una muy buena temporada. Pero viene siendo capital, y desde este espacio no confiamos en ello dados los antecedentes, que Luis Enrique gestione como debe el tema Ter Stegen. Lo que supondría tener para diez años al portero que va camino de ser el mejor del mundo. Pero la regular dirección de este tramo de temporada no debe empañar el buen trabajo realizado estos dos años. Eso sí, a los vendemessis y demás nuñistas, habría que comprarles un billete sin retorno a una isla desierta, por no proponer cosas algo más silvestres. 

En resumen, no fue un día memorable para el FCB. Aunque al menos vivimos una jornada histórica con el histórico y emocionante discurso de cfk en Comodoro Py y la retirada de Kobe Bryant, el baloncestista más clutch que vieron estos ojos. No todo van a ser malas noticias.

PD Al Maligno le encasquetan el City. Son muchos años ya.

XI: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Busi, Iniesta, Rakitic; Messi, Luisito, Da Silva. 

domingo, 3 de abril de 2016

La noche de los muertos vivientes

Barcelona 1-2 Real Madrid. Liga, 31 jornada. 


En la noche del primer partido tras el fallecimiento de la personalidad futbolística más importante del siglo XX, un desgastado Barcelona resucitó a un Madrid que demostró durante sesenta minutos estar para poco más que la épica. Comentaba literalmente un seguidor culé por tuiter en los mentideros del sorteo de cuartos de Copaeuropa: “el madridismo sueña con la Champions porque sabe que con Florentino se juega a tres partidos: semifinal y final”. No estamos aquí para hablar de la bonanza madridista en los sorteos del torneo, pero sí para, una vez llegados a este punto, saber que el partido de ayer era, para el Madrid, una catarsis; y para el Barcelona, la oportunidad de hundir al que puede ser su mayor competidor continental. Pero no se lo tomaron por igual.

Por ello, es menester contextualizar las vicisitudes de cada equipo, a fin de entrever cómo enfrentó cada uno el choque. El Barcelona, por su parte, tuvo a toda su delantera peleándose en el Nuevo Mundo por las durísimas clasificaciones sudamericanas para el Mundial que Messi y Dybala levantarán a la par en tierras de tito Iósif. Seguramente condicionados por el choque del martes donde enfrentarán a Simeone y su bloque en la eliminatoria más reñida de los cuartofinales europeos. Por otra parte, el equipo de Lucho prioriza el ganar títulos más que el espectáculo o los derbys directos, y ayer, con vistas allende el clásico, el coste psicológico y físico era demasiado a cuatro días del Atlético. La situación del Madrid era diametralmente opuesta. Eliminados en Copa y sin posibilidad de alcanzar la liga, una eliminatoria irrisoria en Europa para nada le exigía dosificar ni reservar fuerzas. 

El choque, durante 60 minutos, estuvo en el balón. Y el balón, desde que Johan se sentó en el banquillo hace ya casi treinta años, ha sido siempre nuestro. El equipo movió y movió el cuero durante todo ese tiempo siempre al ralentí, ellos ni la olieron, pero nunca metió esa marcha de más que hubiera generado más oportunidades. El punto de inflexión vino en dos opciones puntuales: la expulsión de un Canelita acostumbrado a jugar con carta blanca (aún se recuerda el sonrojo con Lewandowski en 2013), y el cambio de Rakítico por Arda Turan. El turco, que está de vacaciones en el Barcelona porque dijo que en el Atlético se corría mucho, parece que tampoco quiere correr aquí, y con la salida del croata perdió el equipo el equilibrio que ostenta desde que él llegó al club. Pasado esto, el partido en su última media hora estuvo en la cabeza de los jugadores, y ahí el Madrid se vio más fuerte que el Barcelona. Porque querer es poder, y el Madrid lo quiso todo sin dejarse nada. Empezó a correr, que es lo que más le gusta y, sin un plan establecido, porque desde Mourinho estos seres no han pergeñado plan alguno, se encontró con un Barcelona condescendiente y amasó un puñado de oportunidades que no podían desaprovechar. Se fue el Barcelona perdiendo un partido que pensó que ganaría sin despeinarse y salió del Estadi un Madrid más vivo que nunca al que su rival (que es mucho más equipo que él hoy día) lo trajo de entre los muertos para que enfrente Europa con otra mentalidad. 

Una buena paradoja que sacudió el club la noche que (mal)honraron a Cruyff. El mito que cambió para siempre la mentalidad de un club hundido y lo convirtió en el mejor equipo del mundo. Pero esto no acaba aquí, el Barcelona, pese a poner la gasolina que ha prendido la mecha para que estos se pongan como una moto en Europa, sigue siendo claro candidato a levantar otro triplete consecutivo y algo habrá aprendido de lo que pasó ayer. Además, el ruido del entorno madridista (parece que salvaron ayer la temporada) servirá de acicate como lo fue otras muchas veces. Y hoy día sólo hay que hacerse la misma pregunta que se hace siempre Guardiola: “¿Qué haría Johan?”. La respuesta, por suerte, está en casa. En la casa de Cruyff. Una leyenda que sigue y seguirá estando muy viva.

PD Esto también lo deja Johan como legado: hasta su llegada, el Barcelona celebraba ganarle al Madrid mientras éste celebraba títulos. Hoy día, es justo al revés. 

PD2 El descafeinado "homenaje" de unos dirigentes que se lo quisieron quitar de en medio cuando vivía. Os esperaré en el infierno, malnacidos.

XI: Bravo, Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Busquets, Rakítico (Ardando Turán), Iniesta; D10S, Luisito, Da Silva.
Goles: Piqué.

jueves, 24 de marzo de 2016

Un último esfuerzo

“Yo les decía: muchachos, cuidado… porque este es el momento más peligroso, en este momento vos estás a cuatro fechas después de haber remado todo lo que remaste y crees, que por lo que remaste, el campeonato se te va a caer naturalmente…Y estén seguros que va a venir un árbol en medio de la rueda que te va a atrancar […] Hay una tensión añadida que te hace pensar en todo lo que te va a pasar a partir de, que en ganarlo […] Son las piernas. Las piernas, cuando no estás acostumbrado a ganar, empiezan a tener peso y empiezan a bloquearte, y uno no sabe por qué, pero no puede jugar”. -Diego Pablo Simeone.

Esto comentaba el genial  entrenador argentino durante un asado grabado para un programa televisivo a coalición del final de temporada de 2014, cuando los colchoneros se la jugaron a una carta en el Camp Nou. En una trepidante final en la que se dejaron por el camino a Lisboa a sus dos mejores jugadores, Simeone relataba así el estado anímico y emocional al que se enfrentaron unos jugadores que NO estaban acostumbrados a ganar. 

Últimamente la magia del fútbol nos está regalando equipos tan memorables como efímeros que realizan temporadas increíbles pero que, tristemente, les acaban pesando las piernas y mueren en la orilla. Le pasó al Athletic de Bielsa, que dejó una eliminatoria para el recuerdo contra el penúltimo United de Ferguson y llegó a dos finales (Uefa y copa) en las que fueron arrollados precisamente por los dos equipos mencionados anteriormente. Lo vivimos, un año más tarde, con un Borussia que venía enamorando desde finales de 2010 y rozó la gloria en la final de la Champions 2013 contra el Bayern. El equipo más divertido de los últimos años siempre será recordado por la semifinal contra el último Madrid de Mourinho, donde les pasaron literalmente por encima. Un año después vivimos la temporada de un Liverpool al que un infortunado resbalón de Gerrard les privó de la gloria con la que casi le alcanza con el corazón de Luisito y la capitanía, ahí quedó el emocionante video ("...next week we go norwich, exactly the same") de la arenga a sus compañeros de un Steven en la postrimerías de su carrera. Y también aquel vibrante año, la misma Argentina de Messi (con Mascherano de segunda figura, Mascherano, ojo) tuvo la final del mundial en los pies del cojo de Higuaín y el inútil de “Palacio era por abajo”; y sólo la suerte del campeón agarró la mano de unos alemanes que metieron la única que tuvieron con un equipo plagado de estrellas.

Bien nos valdría a todos, y al fútbol en general, que el Leicester de Ranieri, Ranieri sí…ganase la Premier. Contrataron al italiano a pocos días del inicio de una temporada que comenzó despidiendo el equipo a sus tres mejores jugadores por un escándalo de prostitución a mitad de la pretemporada veraniega y lo armó Claudio entregándoselo a Majara Mahrez, Vardy y Kanté. Con cinco puntos de ventaja sobre el segundo clasificado y a falta de siete jornadas, sólo ellos pueden perder una liga justo un año después de ir colistas el año de su ascenso a la primera división británica. Nunca vio el fútbol semejante machada y, mucho menos, con la dificultad que supone hacerlo en un fútbol hiperprofesionalizado 20 años después de la Ley Bosman, donde las diferencias económicas crean fronteras casi infranqueables. Ni la hazaña de Lazio de las pistolas (1974), el Hellas Verona (1985), el Napoli de Maradona (1987) o el Madrid de Mourinho (2012) sería equiparable al quilombo que sería ver campeón al Leicester de Claudio. Por lo pronto, llevan tres partidos ganando 1-0 en lo que parece bendecidos por "la suerte del campeón". Ojalá, por el bién del fútbol, que no les tiemblen las piernas. Estamos todos con ellos. 



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